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domingo, 18 de septiembre de 2016

LA DIVISIÓN DEL TRABAJO SEGÚN DURKHEIM

El presente trabajo tiene por objetivo presentar el prefacio la Introducción a la 1º edición de La división del trabajo social (1893), de Emile Durkheim (1858-1917). (1)

El tema central es el papel de la división del trabajo (DT a partir de aquí) en la sociedad.

Curiosamente (o no tanto), el sociólogo francés omite toda referencia a Marx en la Introducciòn. Pero fue Marx quien destacó los aspectos políticos de la DT, así como también la cosificación de las relaciones sociales. (2) Durkheim quita carácter político a la DT, al convertirla en un fenómeno común a la sociedad y a la biología. La DT pasa a ser así una característica de los organismos complejos, sean estos seres vivos o grupos humanos. Así, por ejemplo, la división entre el trabajo manual y el trabajo intelectual es concebida como una necesidad del organismo y no como el resultado de las luchas que se dieron al interior de la comunidad. El uso de la metáfora del organismo biológico para describir a la sociedad cobra así nuevo sentido.




Durkheim dedica el comienzo de la Introducción a precisar los alcances de la DT. Empieza por la economía y va registrando la ampliación de su campo de aplicación. La DT termina por abarcar todas las actividades humanas.

Durkheim toma nota del hecho de que la teoría social comenzó a estudiar la DT recién a finales del siglo XVIII (con Adam Smith). La DT es notoria en la industria moderna, pero también en la agricultura (p. 123-124). Pero su alcance va mucho más allá de la economía:

“Se puede observar su creciente influencia en las regiones más diferentes de la sociedad. Las funciones políticas, administrativas, judiciales se especializan cada vez más. Ocurre lo mismo con las funciones artísticas y científicas.” (p. 124).

La ciencia constituye un buen ejemplo del grado de extensión de la DT: “No sólo el sabio no cultiva ya simultáneamente ciencias diferentes, sino que ni siquiera abarca el conjunto de una ciencia. El círculo de sus investigaciones se restringe a un orden determinado de problemas e incluso a un problema único.” (p. 124)

El punto decisivo de la Introducción se encuentra en la afirmación de que la DT social constituye un caso particular de un fenómeno que abarca al conjunto del mundo biológico.

“No es sólo una institución ⦗la DT⦘ que tiene su fuente en la inteligencia y en la voluntad de los hombres, sino un fenómeno de biología general, cuyas condiciones parece necesario ir a buscar en las propiedades esenciales de la materia organizada. La división del trabajo social no se presenta más que como una forma particular de este processus general, y las sociedades, conformándose a esta ley, parecen ceder a una corriente que ha nacido mucho antes que ellas y que arrastra en el mismo sentido a todo el mundo viviente.” (p. 125).

Ahora bien, el salto del mundo social al biológico no está justificado adecuadamente. Mejor dicho, Durkheim lo justifica recurriendo a “las especulaciones recientes de la filosofía biológica”. (p. 125). (3) Es precisamente este salto el que permite omitir la política y concentrarse en la necesidad biológica.

A partir del reconocimiento de que la DT es un fenómeno común al mundo social y al mundo biológico, Durkheim se pregunta qué actitud debemos adoptar frente a ella: “¿Debemos tratar de convertirnos en un ser acabado y completo, un todo que se baste a sí mismo, o bien, por el contrario, no ser más que la parte de un todo, el órgano de un organismo?” (p. 125).

A pesar que muchas veces primó la búsqueda de un ser humano integral, cuyos saberes y habilidades abarcaran el conjunto de la experiencia humana, en la actualidad se impone la corriente que busca “la perfección en el hombre competente, que no busca ser completo, sino producir, que tiene una tarea delimitada y que se consagra a ella, que hace su servicio, que traza su camino.” (p. 126).

Expresado de un modo todavía más claro: “El ideal moral, que era uno, simple e impersonal, va diversificándose cada vez más. Ya no pensamos que el deber exclusivo del hombre sea realizar en sí mismo las cualidades del hombre en general, sino que creemos que debe tener las que corresponden a su empleo.” (p. 126).

Durkheim apunta que muchas personas ven con recelo la DT, y que la extensión de ésta se ve contradecida por una corriente contraria, que procura que todos los seres humanos deseen realizar el mismo ideal. La presencia de esta corriente refleja el carácter de la vida moral, en la que se cruzan tendencias contradictorias que se limitan y equilibran mutuamente. (p. 127).

La lucha de tendencias antagónicas en la vida moral sólo puede ser analizada recurriendo al método científico. Durkheim lo esboza así: “La única manera de llegar a  apreciar objetivamente la división del trabajo es estudiarla primero en sí misma de manera completamente especulativa, averiguar para qué sirve y de qué depende, en una palabra, formarnos de ella una noción tan adecuada como nos sea posible. Hecho esto, estaremos en condiciones de compararla con los otros fenómenos morales y de ver qué vínculos mantiene con ellos. Si descubrimos que juega un rol similar a alguna otra práctica cuyo carácter moral y normal es indiscutido, que si en ciertos casos no cumple este rol es como consecuencia de desviaciones anormales y que las causas que la determinan son también las condiciones determinantes de otras reglas morales, podemos concluir que debe ser clasificada entre estas últimas.” (p. 128).

Durkheim aplica aquí el principio metodológico enunciado en Las reglas del método sociológico (1895): “Para saber qué es objetivamente la división del trabajo no basta con desarrollar el contenido de la idea que nos hacemos de ella, sino que es necesario tratarla como un hecho objetivo, observarla, compararla” (p. 129). De este modo, procura dejar de lado el método de los moralistas, quienes partían de su propia idea acerca de la organización de la sociedad, y en base a ella (a esta idea) ordenaban los hechos sociales.


Villa del Parque, domingo 18 de septiembre de 2016



NOTAS:
(1) Utilizo la traducción española de Rocío Annunziata: Durkheim, Emile. (2010). [1° edición: 1893]. La división del trabajo social. Buenos Aires: Gorla. (pp.123-129).
(2) Marx desarrolló su concepción de la DT en La ideología alemana (1845-1846). El argumento es el siguiente: “toda la estructura interna de cada nación depende del grado de desarrollo de su producción y de su intercambio interior y exterior. Hasta dónde se han desarrollado las fuerzas productivas de una nación lo indica del modo más palpable el grado hasta el cual se ha desarrollado en ella la división del trabajo. (...) Las diferentes fases de desarrollo de la división del trabajo son otras tantas formas distintas de la propiedad; o, dicho en otros términos, cada etapa de la división del trabajo determina también las relaciones de los individuos entre sí, en lo tocante al material, el instrumento y el producto del trabajo.” (Marx, Karl y Engels, Friedrich, La ideología alemana, Buenos Aires, Ediciones Pueblos Unidos, 1985, p. 20-21). “Con la división del trabajo, que lleva implícitas todas estas contradicciones y que descansa , a su vez, sobre la división natural del trabajo en el seno de la familia y en la división de la sociedad en diversas familias contrapuestas, se da, al mismo tiempo, la distribución y, concretamente, la distribución desigual, tanto cuantitativa como cualitativamente, del trabajo y de sus productos; es decir, la propiedad, cuyo primer germen, cuya forma inicial se contiene ya en la familia, donde la mujer y los hijos son los esclavos del marido.” (Op. cit., p. 33). Sobre el caso específico de la separación entre trabajo físico y trabajo intelectual, cabe mencionar el siguiente pasaje: “La división del trabajo sólo se convierte en verdadera división a partir del momento en que se separan el trabajo físico y el intelectual. Desde este instante, puede ya la conciencia imaginarse realmente que es algo más y algo distinto que la conciencia de la práctica existente, que representa realmente algo sin representar algo real; desde este instante se halla la conciencia en condiciones de emanciparse del mundo y entregarse a la creación de la teoría pura.” (op, cit, p. 32).

(3) “Se sabe, en efecto, a partir de los trabajos de Wolf, de von Baer, de Milne-Edwards, que la ley de la división del trabajo se aplica tanto a los organismos como a las sociedades; incluso se ha podido decir que un organismo ocupa un lugar tanto más elevado en la escala animal cuanto más especializadas son sus funciones.” (p. 125).

sábado, 10 de septiembre de 2016

MARX Y LA CRÍTICA DEL SENTIDO COMÚN BURGUÉS: EL OBJETIVO DE LA PRODUCCIÓN CAPITALISTA

“Billetera mata galán.”
Dicho popular.

El Capital (1867) de Karl Marx (1818-1883) constituye el estudio más profundo, sistemático y despiadado de la sociedad capitalista jamás escrito, a punto tal que es de Perogrullo afirmar que marca un antes y después en las ciencias sociales. A esta altura del partido, la montaña de publicaciones sobre la magnum opus del socialista alemán es prácticamente inabarcable. Este ensayo no pretende esclarecer ni el sentido general de la obra ni algún aspecto particular (basta, en ambos casos, con remitir a la inmensa bibliografía existente). Su objetivo es mucho más modesto. Se trata de describir, mediante un ejemplo, el modo en que Marx combatió las ideas fundamentales de la economía política, que son también las bases de la ideología burguesa. Detrás de las concepciones de la economía burguesa se encuentran las ideas populares (de sentido común) que intentan justificar el capitalismo. En este sentido, es posible afirmar que la refutación marxista de la economía política asume el carácter de una discusión del sentido común burgués.


En El Capital se encuentran dos críticas especialmente importantes de dicho sentido común. Uno de ellos está en el famoso capítulo 24, dedicado al análisis de la acumulación originaria de capital. Allí demuestra la falacia del argumento que sostiene que la fortuna de los empresarios se originó en el ahorro y en el trabajo personal de estos señores.


El otro caso es el examinado aquí. Se trata de la explicación del proceso de transformación de dinero en capital (capítulo 4 del Libro Primero). (1) El sentido común burgués nos dice que el capitalismo es la forma más racional y eficiente de organizar la producción; el objetivo de ésta es producir los bienes y servicios para satisfacer las necesidades de las personas. De este modo, el capitalismo consigue esa satisfacción de la manera más racional posible. Cualquier otra forma de organizar el proceso productivo es irracional y conduce al desastre.


Marx comienza indicando que el punto de partida del capital es la circulación de mercancías. Para que haya capital tienen que darse los siguientes supuestos históricos:


1) producción mercantil, los bienes y servicios son producidos para ser vendidos en el mercado; 2) circulación mercantil; 3) comercio (= circulación mercantil desarrollada).


El comercio implica que el conjunto (o la mayor parte) de la producción de la sociedad asume la forma de mercancías. Ello supone, a sus vez: a) la existencia de la propiedad privada; b) la extensión de la división del trabajo.


Ahora bien, “la circulación del dinero como capital es (...) un fin en sí, pues la valorización del valor existe únicamente en el marco de este movimiento renovado sin cesar. El movimiento del capital (...) es carente de medida.” (p. 186). Puesto que el objetivo del capital es la valorización del valor, está obligado a traspasar las fronteras nacionales y a expandirse por todo el planeta. El comercio tiene que ser mundial; de ahí que el capitalismo promueva el desarrollo del mercado mundial. Por esto el capitalismo fue la primera forma de organización económica capaz de expandirse hasta abarcar todo el planeta.


En las mercancías podemos distinguir el valor de uso y el valor de cambio. El primero es la propiedad que tienen de satisfacer las necesidades de los seres humanos; para satisfacer una necesidad concreto se requiere un trabajo concreto, específico. Por ejemplo, esta netbook en la que escribo satisface mi necesidad de escritura y es producida por la acciòn de trabajadores con saberes y habilidades específicas. El valor de cambio es, ante todo, la relación cuantitativa en que puedo intercambiar una mercancía dada por otra. Por ejemplo, puedo dar clases particulares de sociología y recibir dinero a cambio (el valor de cambio de mis conocimientos, que constituyen una mercancìa vendible en el mercado).


Marx demuestra que el valor de uso no puede ser el objetivo de la producción de mercancías. El propósito del comercio es la obtención de una cantidad de dinero mayor que la invertida. En otras palabras, comprar barato para vender caro. No importa el objeto o servicio vendido, importa hacer efectiva dicha diferencia. Su argumento es el siguiente.


La primera manifestación del capital es el dinero (p. 179). El dinero puede cumplir la función de auxiliar de la circulación de mercancías: M - D - M, ⦗M = mercancía; D = dinero⦘ forma típica del proceso de intercambio de mercancías, examinado en el capítulo 3, apartado 2 (Medio de circulación) de El Capital.


Marx describe así al proceso de intercambio: “transfiere mercancías de manos en las cuales son no-valores de uso, a manos en las que son valores de uso (...) el producto de una modalidad útil de trabajo reemplaza al de otra. Tan pronto como pasa al lugar en que sirve como valor de uso, pasa de la esfera del intercambio mercantil a la del consumo.” (p. 127). Mediante este paso obligado por el mercado, el capitalismo distribuye los bienes y servicios requeridos para satisfacer las necesidades de las personas. Esta transferencia no es directa, sino que requiere la mediación del dinero. Para poder comprar, primero debo vender mi mercancía y obtener así el dinero indispensable para la compra. Como es sabido, quien carece de dinero no puede participar del mercado.


A pesar de su importancia social, el proceso de intercambio de mercancías no es el objetivo primordial del capital. M - D - M está centrado en el valor de uso. El motor del capital es, como se indicó, la valorización del valor. En otros términos, el capitalismo no busca la satisfacción de necesidades, sino la obtención de más dinero. Esto se comprende cuando se examina la cuestión con más detalle.


La forma de circulación en que el dinero se transforma en capital es: D - M - D (comprar para vender). Es una forma particular del proceso de intercambio = intercambio de dinero por dinero.


Como es evidente, el proceso D - M - D carece de sentido si en la venta se obtiene el mismo dinero invertido en la compra. Es inútil comprar por 100 pesos para luego vender por 100 pesos.


D - M - D se justifica cuando la venta arroja más dinero que el que se puso en la compra. Compro por 100 pesos para vender a 110 pesos, por ejemplo. Es por eso que D - M- D’ es la forma plena del proceso. D’ es fundamental para el análisis del capital:


“D’ = D + ∆D, esto es, igual a la suma de dinero adelantada inicialmente más un incremento. A dicho incremento, o al excedente por encima del valor originario, lo denomino yo plusvalor (...) El valor adelantado originariamente no sólo, pues, se conserva en la circulación, sino que en ella modifica su magnitud de valor, adiciona un plusvalor o se valoriza. Y este movimiento lo transforma en capital.” (p. 184).


El secreto del capitalismo radica en que se trata de un sistema de producción dirigido a la producción de plusvalor. Marx demuestra más adelante que ese plusvalor es creado por los trabajadores y apropiado por los empresarios gracias a la propiedad privada de los medios de producción. Es por ello que afirma que el capitalismo está basado en la explotación del trabajo por el capital.


De modo que para comprender la transformaciòn del dinero en capital es preciso determinar cómo se genera el capital, es decir, cómo surge el plusvalor. A ello dedicaremos el próximo ensayo.

Villa del Parque, sábado 10 de septiembre de 2016


NOTAS:

(1) Marx, Karl. (1996). El capital: Libro Primero. El proceso de producción del capital. México D. F.: Siglo XXI. (pp. 179-214). Traducción española de Pedro Scaron.

martes, 6 de septiembre de 2016

SOCIOLOGÍA Y POLÍTICA SEGÚN DURKHEIM

“Nuestras investigaciones no valdrían la pena si no
debieran tener más que un interés especulativo.”
Emile Durkheim


El presente trabajo tiene por objetivo presentar el prefacio a la primera edición de La división del trabajo social (1893), de Emile Durkheim (1858-1917) (1)



I] El tema central del prefacio es la relación ciencia - política. Dicho de modo más preciso, la conexión entre sociología y política. Durkheim parte del supuesto (positivista) que afirma que la ciencia es el instrumento más adecuado para estabilizar la sociedad burguesa. En esto coincide con Auguste Comte (1798-1857), pero deja de lado la construcción de una religión de la ciencia, postulada por este último. (2)

En este sentido deben interpretarse las afirmaciones de Durkheim sobre los objetivos de la nueva ciencia de la sociedad:

“Si nos empeñamos en separar los problemas teóricos de los problemas prácticos no es para despreciar estos últimos, sino, al contrario, para ponernos en condiciones de resolverlos mejor. (...) la ciencia puede ayudarnos a encontrar el sentido en que debemos orientar nuestra conducta, a determinar el ideal hacia el cual confusamente tendemos.” (p. 118).

La utilidad de la sociología radica no sólo en el conocimiento que proporciona sobre la sociedad, sino en la posibilidad de utilizar ese saber para transformar la organización social. En esto no existen diferencias respecto a la actitud preconizada por Karl Marx (1818-1883) en sus Tesis sobre Feuerbach (3). Pero hasta aquí llegan las coincidencias entre ambos autores, pues mientras Marx sostiene que la sociedad burguesa debe ser derrocada por una revolución que instaure otras relaciones sociales (el socialismo), Durkheim defiende en todo momento la necesidad de bregar por conservar la sociedad burguesa (aunque ésta deba ser reformada para garantizar su viabilidad).



II] Para justificar la intervención de la ciencia en los asuntos políticos, Durkheim efectúa un rodeo. En primer lugar, comienza por criticar a los moralistas, “que deducen su doctrina, no de un principio a priori, sino de algunas proposiciones que tornan prestadas de una o varias ciencias positivas como la biología, la psicología o sociología, califican su moral de científica,” (p. 117).

En vez de desarrollar una moral a partir de las ciencias, propone otro camino: “hacer la ciencia de la moral” (p. 117). Cabe agregar (pues no figura en el prefacio) que esta tarea forma parte de un proyecto más vasto, la construcción de una ciencia de la sociedad: la sociología.

La ciencia de la moral es posible porque “los hechos morales son fenómenos como los otros; consisten en reglas de acciòn que se reconocen por ciertas características distintivas; debe ser posible, por tanto, observarlos, describirlos, clasificarlos y buscar las leyes que los expliquen.” (p. 117) (4)

Durkheim se ubica así en un terreno diferente al de la filosofía; ya no se trata de encontrar algún principio metafísico que proporcione un fin trascendente a la moral, sino de estudiar la moral realmente existente: “lo que es indudable es que ella ⦗la moral⦘ se desarrolla en la historia y bajo el imperio de causas históricas, y que tiene una función en nuestra vida temporal. Si es tal o cual en un momento dado es porque las condiciones en que viven entonces los hombres no permiten que sea de otro modo, y la prueba de ello es que cambia cuando las condiciones cambian, y sólo en ese caso. (...) La moral (...) se forma, se transforma y se mantiene por razones de orden empírico, y esas razones son las únicas que la ciencia de la moral pretende determinar.” (p. 118). Más adelante, agrega: “la moral es para nosotros un sistema de hechos realizados, ligados al sistema total del mundo, y un hecho no se cambia en un abrir y cerrar de ojos, incluso si eso fuera deseable. Por lo demás, como es solidario con otros hechos, no puede modificarse sin que éstos se vean afectados.” (p. 120).

La moral no es, pues, inmutable; no se encuentra fuera de la historia ni está regida por factores o principios ajenos a lo terrenal. Tampoco impera en ella la libertad, pues los seres humanos se encuentran desde su nacimiento con reglas y normas que les vienen impuestas.

En consecuencia, los hechos morales pueden ser estudiados de modo positivo, es decir, con los métodos propios de las ciencias [naturales]: “Este libro es, ante todo, un esfuerzo por considerar los hechos de la vida moral según el método de las ciencias positivas.” (p. 117).



III] Como se indicó más arriba, Durkheim considera que la ciencia estudia la moral para transformarla, no sólo con fines especulativos. Defiende esta afirmación frente a quienes sostienen que la tarea de la ciencia consiste únicamente en estudiar los hechos; la ciencia no puede renunciar a proporcionarnos una guía para la acción, no puede quedar reducida a mera técnica.
“La ciencia puede ayudarnos a encontrar el sentido en que debemos orientar nuestra conducta, a determinar el ideal hacia el cual confusamente tendemos. Sólo que no nos elevaremos a este ideal sino después de haber observado la realidad, de donde lo extraeremos. (...) el ideal no descansa sobre nada si no tiene sus raíces en la realidad.” (p. 118-119).

La tarea principal de la ciencia de la moral consiste en utilizar el método de las ciencias positivas para encontrar el “estado de salud moral”. En línea con lo planteado más arriba, este estado no es inmutable, sino que cambia “porque las sociedades se transforman”. Pero, y no obstante ello, puede ser establecido y empleado como criterio para guiar nuestra conducta. El tema excede los límites de este trabajo, pero corresponde indicar que Durkheim sigue aquí una concepción desarrollada en otros trabajos (por ejemplo, Las reglas del método sociológico) y que parte de la distinción entre lo normal y lo patológico, definiendo al primer estado como las conductas más frecuentes (en términos estadísticos) en la sociedad. El “estado de salud moral” no es otra cosa que el conjunto de normas y conductas acordes con la dominación de una determinada clase social. Claro que esto último queda fuera del horizonte intelectual del sociólogo francés.



IV] Pero afirmar que la ciencia de la moral no debe ser una actividad especulativa no implica postular que se trata de una ciencia revolucionaria, dirigida a transformar radicalmente la sociedad. Durkheim deja en claro que la sociología es una ciencia conservadora, en el sentido de que su objetivo es preservar la sociedad capitalista.

“Pero si la ciencia de la moral no hace de nosotros espectadores indiferentes o resignados de la realidad, al mismo tiempo nos enseña a tratarla con la mayor prudencia, nos comunica un espíritu sensatamente conservador.” (p. 119).

En este punto, Durkheim dirige toda su artillería polémica contra quienes conciben a la moral como una legislación que puede ser revocada en cualquier momento por la voluntad de los individuos. Afirma que es preciso acercarse con “respeto” a los hechos morales, pues, y hasta que no se establece lo contrario por medio de la investigación, ellos obedecen a necesidades vitales de la sociedad.

Lo que reconcilia la ciencia y la moral es la ciencia de la moral, ya que, al mismo tiempo que nos enseña a respetar la realidad moral, nos suministra los medios para mejorarla.” (p. 120; el resaltado es mío - AM - ).

La ciencia de la moral y, por ende, la sociología, no son ni socialismo ni revoluciòn. Por el contrario, su objetivo es mejorar la sociedad existente, partiendo de la base de que ella contiene un “estado de salud moral”. Para llevar adelante esta tarea es necesario adoptar el principio cartesiano de la “duda metódica”. De esta manera es posible construir la “ciencia de la moral” propuesta en este prefacio.


Villa del Parque, martes 6 de septiembre de 2016


NOTAS:
(1) Utilizo la traducción española de Rocío Annunziata: Durkheim, Emile. (2010). [1° edición: 1893]. La división del trabajo social. Buenos Aires: Gorla. (pp. 117-122).
(2) Zeitlin señala: “En su obra posterior, Politique positive (1851-1854), el factor religioso y sentimental finalmente prevaleció y Comte se proclamó desenfadadamente el papa de la nueva religión positiva, irónico cambio de actitud para un ardiente defensor de la ciencia positiva.” (Zeitlin, Irving, Ideología y teoría sociológica, Buenos Aires, Amorrortu, 1997, p. 94).
(3) La hiper citada tesis n° 11: “Los filósofos se han limitado a interpretar el mundo de distintos modos; de lo que se trata es de transformarlo.” (Marx, Karl, Tesis sobre Feuerbach, en La ideología alemana, Buenos Aires,Pueblos Unidos, 1985, p. 668).
(4) De paso, nótese que Durkheim atribuye al método científico las siguientes características: observación, descripción, clasificación, establecimiento de leyes.

domingo, 28 de agosto de 2016

DURKHEIM Y LA DISTINCIÓN ENTRE LO NORMAL Y LO PATOLÓGICO

Nota bibliográfica:

La fuente para la redacción de estas ficha es: Durkheim, Emile. (1998). ⦗1º edición: 1895⦘. Las reglas del método sociológico y otros escritos sobre filosofía de las ciencias sociales. Barcelona: Altaya. La traducción al español corresponde a Santiago González Noriega. Trabajé con el capítulo III, “Reglas relativas a la distinción entre lo formal y lo patológico” (pp. 102-131). En la redacción utilicé las notas de lectura de mi compañera Pez López.

En esta ficha trabajé específicamente con la introducción y el primer apartado del mencionado capítulo III. En fichas posteriores presentaré el segundo y tercer apartados.



A modo de presentaciòn, cabe recordar que Durkheim dedica el capítulo I de Las reglas del método sociológico (1895) a establecer qué son los hechos sociales (HS a partir de aquí), esto, es, el objeto de estudio de la sociología. Luego pasa a esbozar en el capítulo II cuál es el método para estudiarlos, además de esbozar los rasgos principales de la teoría de las prenociones (el conocimiento de sentido común de los fenómenos sociales). Ambos capítulos ya han sido presentados en fichas anteriores

Al observar los HS, se plantea el problema de la distinción entre: a) “los que son todo lo que debe ser” (fenómenos normales); b) “los que deberían ser diferentes a como son” (fenómenos patológicos) (p. 102).

Durkheim formula el problema en los términos siguientes: “¿Dispone la ciencia de los métodos que permiten establecer esta distinción’” (p. 102)

A partir de la respuesta a dicho interrogante, es posible establecer el papel que corresponde a la ciencia (en especial, a las ciencias sociales). Nuestro autor comienza por distinguir la siguiente postura:

La ciencia no enseña nada sobre lo que debemos ser. Su objeto son los hechos. Todos ellos tienen el mismo valor y el mismo interés. Observa los hechos y no los explica; no los juzga. “A sus ojos el bien y el mal no existen. Ciertamente, puede decirnos como ciertos efectos, pero no qué fines son los que hay que perseguir.” (p. 103).

Como corolario de lo anterior, se desprende que la ciencia pierde eficacia práctica:

“Siempre hay varios caminos que llevan a una determinada meta, por tanto hay varios caminos que elegir entre ellos. Ahora bien, si la ciencia no puede prestarnos ayuda en la elección del mejor fin, ¿cómo podrá enseñarnos cuál es el mejor camino para alcanzarlo? ¿Por qué habrá de recomendarnos el más rápido más bien que el más económico, el más seguro más bien que el más sencillo o al revés? Si no puede guiarnos en la determinación de los fines superiores, no es menos importante cuando se trata de fines secundarios o subordinados que llamamos medios.” (p. 103).

[Durkheim omite señalar que la ciencia gana su mayor eficacia práctica al servicio de la acumulación de capital. Dicho de manera burda: sirve para que los empresarios ganen dinero. La ciencia no es una actividad ajena a la lógica del capital. Suponer que se encuentra desconectada de dicha lógica implica romper la totalidad dialéctica que es la sociedad, y que constituye la base del método marxista. No existen fines desinteresados para la práctica científica.]

La sociología ideológica (cuyos máximos exponentes fueron Comte y Spencer) era consciente del problema. Si la ciencia no puede determinar qué fines son más valiosos, la fijación de estos fines se llevaba a cabo por medios extracientíficos (por ejemplo, la religión). Pero los cultores del “método ideológico” (ver el capítulo 2) “eran demasiado racionalistas como para admitir que la conducta humano no tuviese necesidad de ser dirigida por la reflexión; y sin embargo, no verían nada en los fenómenos  - considerados en sí mismos y con independencia de todo dato subjetivo - que permitiese clasificarlos de acuerdo con su valor práctico. Parecía, por tanto, que el único medio de juzgarlos era referirlos a algún concepto que lo dominase; de este modo, el empleo de nociones que rigiesen el cotejo de los hechos, en lugar de derivar de ellos, se convertía en algo indispensable en toda sociología racional; pero sabemos que si en estas condiciones la práctica se convierte en algo reflexivo, la reflexión así utilizada no es algo científico.” (p. 103-104).

⦗El problema es más amplio de lo que plantea Durkheim. No se trata sólo de establecer una jerarquía entre los fines (los valores), sino también de formular criterios de distinciòn entre los fenómenos significativos (que deben ser estudiados) y aquellos que son irrelevantes. De este modo, al fijar dichos criterios la teoría estará en condiciones de guiar la observación.⦘

Durkheim quiere resolver el problema reivindicando los derechos de la razón y desechando la ideología. Para ello tiene que encontrar “un criterio objetivo, inherente a los hechos”, que permita  distinguir la salud (“buena y deseable”) de la enfermedad (“cosa mala, que debe ser evitada”) en los fenómenos sociales. De este modo la ciencia proporcionará un criterio para decidir en la vida práctica y mantendrá, a la vez, el método científico (“tratar los hechos como cosas”). (p. 104)

Aclara que el estado de “salud” se establece para el conjunto, no para el individuo, porque la ciencia todavía no puede decir nada de éste. Pero ese estado será “punto de referencia para orientar la conducta” (p. 104).




Durkheim dedica el primer apartado del capítulo III (p. 105-114) a establecer ese criterio. Para ello aplica el método presentado en el capítulo II. En concreto, la regla enunciada en p. 90. Mediante signos exteriores, distingue entre los fenómenos normales y los fenómenos patológicos.

Utiliza un criterio “estadístico” para establecer la demarcaciòn entre ambos tipos de hechos. Aquí corresponde indicar que presenta a la sociología como continuaciòn de la biología, pero sin justificar esto de modo convincente.

Todo hecho social puede presentar dos tipos de formas:

1) “Unas son generales en toda la extensiòn de la especie, se encuentran si no en todos los individuos al menos en la mayor parte de ellos y si no se repiten de idéntico modo en todos los casos en que se observan, sino que varían de un sujeto al otro, esas variaciones están comprendidas dentro de límites muy próximos.” (p. 110-111).

2) “Hay otras ⦗formas⦘ que son excepcionales; no sólo se encuentran en menos casos, sino que incluso cuando se producen lo más frecuente es que no duren toda la vida del individuo. Son una excepciòn tanto en el tiempo como en el espacio.” (p. 111).

A partir de allí construye el tipo medio = “ser esquemático que se formaría reuniendo en un mismo todo, en una especie de individualidad abstracta, a los caracteres más frecuentes en la especie junto con sus formas más frecuentes.” (p. 111).

El tipo medio es una construcción y constituye “el objeto de estudio inmediato de la ciencia y viene a ser el mismo que el tipo genérico.” (p. 111).

Agrega que las condiciones de salud y enfermedad no pueden ser definidas en abstracto ni son válidas para todos los HS. Cada tipo social tiene formas normales y patológicas de los HS que les son propios.

Hay que renunciar a la costumbre, muy extendida, de juzgar una institución, una práctica o una máxima moral, como si fuesen buenas o malas en sí mismas y por sí mismas, para todos los tipos sociales sin distinción.” (p. 112; el resaltado es mío -AM-).

El corolario de lo anterior es: “Así, pues, un hecho social sólo puede ser llamado normal en una especie social determinada en relación con una fase igualmente determinada de su desarrollo; por consiguiente, para saber si tiene derecho a recibir esta denominación, no basta con observar bajo qué forma se presenta en la generalidad de las sociedades que pertenecen a esta especie, sino que hay que tener cuidado tambièn con considerarlos en la fase correspondiente de su evolución.” (p. 113).

⦗La normalidad no es una esencia abstracta que define de una vez y para siempre a la cosa. Es histórica y, por tanto, mutable. Este rasgo de la sociología de Durkheim impide hacer “la fácil” de clasificarla como una variante del funcionalismo - entendiendo por éste una concepción estática de la sociedad - ⦘

Ahora bien, la anormalidad no puede ser el rasgo de una especie. No puede concebirse una especie cuyo carácter definitorio fuese la enfermedad. En consecuencia, “la especie es la norma por excelencia y, por consiguiente, no podría ser anormal bajo ningún concepto.” (p. 113).

Los caracteres que constituyen el tipo medio son los más frecuentes porque son los más ventajosos para la conservación de la especie. ⦗La mayor frecuencia estadística - criterio para seleccionar los caracteres que forman el tipo medio - es producto de la utilidad. Detrás está el supuesto de la sociedad concebida como organismo, es decir, la idea de que la sociedad es naturalmente armónica. Pero si se concibe la sociedad como una totalidad contradictoria, este tipo medio es funcional a la conservación de esas contradicciones. El tipo medio es el conjunto de caracteres propio de una sociedad de clases antagónicas. La normalidad expresa la relación de fuerzas entre las clases propia de una determinada distribución del poder social (ante todo, de la propiedad de los medios de producción). Pero esto excede largamente los límites de la presente ficha⦘


Villa del Parque, domingo 28 de agosto de 2016