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miércoles, 31 de enero de 2018

MARX SOBRE HOBBES: LOS EXTRACTOS DEL LIBRO IV

Karl Marx (1818-1883) dedicó el Libro IV de El Capital a estudiar el desarrollo histórico de la teoría de la plusvalía. Esta tarea implicó, entre otras cosas, establecer una distinción clara entre la plusvalía en general y sus formas particulares (por ejemplo, la ganancia del empresario). Marx abre su investigación con una indicación para comprender el contenido de la obra: “Todos los economistas incurren en la misma falta: en vez de considerar la plusvalía en cuanto tal, la consideran a través de las formas específicas de la ganancia y la renta de la tierra.” (p. 33). (1)



Marx dedicó poco espacio a Thomas Hobbes (1588-1679) en los manuscritos que dieron origen al Libro IV; apenas el comentario a algunos extractos del Leviatán (p. 327). (2)

Marx comienza analizando el siguiente pasaje de Hobbes:

“Las artes de utilidad social como la construcción de fortificaciones, la fabricación de máquinas de guerra y de otros artilugios bélicos representan un poder, puesto que contribuyen a la defensa y a la victoria; pero, aunque su verdadera madre sea la ciencia, es decir, las matemáticas, como han sido alumbradas por la mano del artífice, se considera a éste como su autor, lo mismo que el vulgo ve en la partera a la madre.” (Hobbes citado por Marx, p. 327). (3)

Hobbes, teórico del Estado “moderno”, única barrera capaz de evitar el regreso de la “guerra de todos contra todos”, propia del “estado de naturaleza”, pone como ejemplos de las “artes de utilidad social” a la construcción de fortalezas, de máquinas de guerra y de otros artilugios bélicos. Estos ejemplos son característicos de su reconocimiento de que el monopolio de la violencia es el rasgo central del Estado, quien mediante el “terror” impone la “paz” (un determinado orden social, es decir, una forma determinada de propiedad). Es una tautología afirmar que el desarrollo del aparato represivo es inseparable del desarrollo del Estado en general.

Hobbes señala que se suele considerar que las “artes de utilidad social” son creaciones del trabajo del artífice (el trabajador), pero en verdad su “madre” es la ciencia. Aquí pueden hacerse dos observaciones: 1) el filósofo inglés escribe en 1650, en pleno auge de la Revolución Científica, lo que lo lleva a poner a la ciencia en el centro, cosa impensable en la época feudal; 2) el desarrollo de la economía mercantil tiende a subsumir a la ciencia en el capital. Ésta adquiere carácter instrumental, no un fin en sí mismo, sino un medio para. En el pasaje citado, la ciencia es un medio para el desarrollo del aparato estatal.

Marx irrumpe aquí con la siguiente observación:

“El producto del trabajo intelectual - la ciencia - es siempre muy inferior a su valor, porque el tiempo de trabajo necesario para reproducirlo no guarda relación alguna con el que se ha necesitado para su creación originaria. Por ejemplo, cualquier muchacho de la escuela puede aprender en una hora la teoría del binomio.” (p. 327).

Es claro que Marx concibe a la ciencia como mercancía, subsumida ya a las necesidades del capital. Pero lo más significativo es que su afirmación sirve para comprender la cuantía del salario docente respecto a otras actividades. Enseñar lo descubierto por otros cuesta menos que el descubrimiento en sí.

A continuación, Marx copia dos pasajes de Hobbes referidos al valor del trabajo. En ellos (y dejando de lado la confusión entre valor y precio), el filósofo inglés se acerca a la noción de fuerza de trabajo. Así:

“El valor de un hombre es, como el de las demás cosas, su precio, lo que vale tanto como decir lo que se paga por el empleo de su fuerza.” (Hobbes citado por Marx, p. 327). (4)

Estamos en el terreno de la economía mercantil: todo tiene su precio, incluidos los seres humanos. El honor y demás zonceras también son mercancías. Pero Hobbes destaca que, al comprar a una persona, en realidad se está comprando el derecho a usar su fuerza. En términos marxistas, su habilidad y capacidad para trabajar. No se compra el trabajo, se compra la fuerza de trabajo.

El otro pasaje de Hobbes copiado por Marx dice:

El trabajo de un hombre (...) es, al igual que cualquier otra cosa, una mercancía que es posible cambiar con ganancia.” (Hobbes citado por Marx, p. 327). (5)

A los comentarios formulados al transcribir la cita inmediatamente anterior a la que estamos comentando, corresponde agregar lo siguiente: postular que el ser humano es mercancía implica un salto fenomenal respecto a la mentalidad feudal. Si en el terreno de la filosofía política, Hobbes es el anti-Aristóteles, en el plano del pensamiento económico se opone decididamente a la estructura mental feudal. Todo esto es comprensible en el marco del desarrollo de la economía mercantil en Gran Bretaña.

Por último, Marx copia este pasaje de Hobbes:

“No basta con que el hombre trabaje para sustentarse; tiene, además, que luchar cuando hace falta para proteger su trabajo. Una de dos: o hay que trabajar con una mano y con la otra empuñar la espada, como lo hicieron los judíos, o hay que alquilar a otros que luchen por uno.” (Hobbes citado por Marx, p. 327). (6)

Hobbes se refiere, ni más ni menos, a la división del trabajo, sólo que entendida en un sentido político antes que técnico. Esta protección del trabajo no es otra cosa que la protección de la sociedad. Hay que recordar que Hobbes considera que el Estado da origen a la propiedad privada. Dicho de otro modo, el terror (la espada) convierte a la posesión precaria en propiedad.

Ahora bien, ¿por qué está en peligro el producto del trabajo? Si se deja de lado la creencia hobbesiana en una naturaleza humana mala y egoísta, cabe pensar que la propiedad corre peligro porque hay otras personas desprovistas de ella. En otras palabras, surge la necesidad de una división del trabajo que es también política: para que los propietarios puedan apropiarse (y conservar) el producto del trabajo (ajeno), es preciso que un grupo de individuos sean separados de la producción, se los provea de armas y se dediquen a preservar la propiedad. Estos individuos armados no producen, pero sin ellos sería imposible la producción basada en la propiedad privada. Por lo tanto, la división del trabajo es tanto política como “técnica”. De este modo, Hobbes pone en el tapete la cuestión de la distinción entre trabajo productivo e improductivo.


Villa del Parque, miércoles 31 de enero de 2018




NOTAS:

(1) El Capital dista mucho de ser una obra cerrada por su autor, y esto en múltiples sentidos, que no podemos desarrollar aquí. Por el momento, basta con señalar un hecho bien conocido: Marx alcanzó a publicar en vida sólo el Libro I (1867), dedicado al proceso de producción del capital. Friedrich Engels (1820-1895) se encargó de la publicación del Libro II (1885), cuyo tema es el proceso de circulación del capital, y del Libro Tercero (1894), donde se examina el proceso global de la producción capitalista. Marx proyectó un Libro IV, dedicado a la historia de la teoría de la plusvalía y redactó un extenso manuscrito. Karl Kautsky (1854-1938) editó el Libro IV en 1905-1910, pero ordenó los materiales originales en un orden que difería del indicado por Marx en su manuscrito. El Instituto de Marxismo Leninismo de la Unión Soviética preparó una nueva edición, que reproduce el manuscrito en su orden original: el primer volumen apareció en 1956, el segundo en 1959 y el tercero y último en 1962. La edición estuvo a cargo de la editorial Dietz, de Berlín Oriental. Todas las citas del Libro IV de El Capital corresponden a la siguiente edición: Marx, Karl. (1987). Teorías sobre la plusvalía I: Tomo IV de El Capital. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.  La traducción estuvo a cargo de Wenceslao Roces.

(2) Marx cita a Hobbes a partir de la edición preparada por William Molesworth (1810-1855): Hobbes, Thomas. (1839-1844). English Works. Londres. El Leviatán se encuentra en el tomo 3 de dicha edición.

(3) Edición Molesworth, tomo 3, p. 75.

(4) Edición Molesworth, tomo 3, p. 76.

(5) Edición Molesworth, tomo 3, p. 233.

(6) Edición Molesworth, tomo 3, p. 333.

lunes, 29 de enero de 2018

LA CRÍTICA DE MARX AL MERCANTILISMO: LAS NOTAS SOBRE STEUART

Karl Marx (1818-1883) dedicó el Libro IV de El Capital a estudiar el desarrollo histórico de la teoría de la plusvalía. Esta tarea implicó, entre otras cosas, establecer una distinción clara entre la plusvalía en general y sus formas particulares (por ejemplo, la ganancia del empresario). Marx abre su investigación con una indicación para comprender el contenido de la obra: “Todos los economistas incurren en la misma falta: en vez de considerar la plusvalía en cuanto tal, la consideran a través de las formas específicas de la ganancia y la renta de la tierra.” (p. 33). (1)

Marx comienza la obra con una exposición de la teoría de James Steuart (1712-1780), un destacada exponente de la escuela mercantilista en la economía política. (2)

Los mercantilistas constituyen la primera gran escuela económica moderna. Se ubicaban en el nivel de la circulación, y no en el de la producción (como sí ocurrió en el caso de los fisiócratas). Marx sintetiza así la concepción mercantilista: “Antes de los fisiócratas, la plusvalía - es decir, la ganancia, bajo la forma de tal ganancia - se explicaba pura y simplemente a base del cambio, por la venta de la mercancía en más de su valor.” (p. 34). La idea central del “sistema monetario y mercantil” [el mercantilismo], consistía en la afirmación de que la plusvalía [el incremento positivo de la riqueza] era producto de “la venta de mercancías en más de lo que valen.” (p. 36).

Steuart publicó su obra principal, Principles of Political Economy, en 1767, cuando la teoría mercantilista contaba con dos siglos de historia, y en el momento en que se desencadenaba la Revolución Industrial en Gran Bretaña. Además, la escuela fisiocrática se hallaba en plena vigencia (en 1766, Turgot había publicado su obra Réflexions sur la formation et la distribution des richesses). La mirada de Steuart está alejada de las versiones más primitivas del mercantilismo, por lo menos en lo que hace al problema de la ganancia. En las notas que le dedica Marx, el énfasis está puesto en la teoría económica antes que en la política económica (cabe recordar que los mercantilistas de las distintas escuelas se concentraron en esta última, antes que en la teoría).

Steuart es caracterizado como “el exponente científico de esta estrecha concepción [el mercantilismo]” (p. 34).  O, dicho de otro modo, “la expresión racional del sistema monetario y mercantil” (p. 36).

¿Cuáles son las razones que Marx expone para avalar tal caracterización?

En primer lugar, como exponente “científico” del mercantilismo, “no comparte (...) la ilusión de que la plusvalía nacida por el capitalista individual por el hecho de vender la mercancía en más de lo que vale sea una creación de nueva riqueza”. (p. 34).
Steuart encara el problema de la plusvalía distinguiendo entre ganancia positiva y ganancia relativa. La primera es producto del “incremento del trabajo, la industria o la pericia” (Steuart citado por Marx, p. 34) (3). No aclara cómo surge este incremento, más allá de que Marx apunta que Steuart “se refiere solamente a la suma de valores de uso que se crean al desarrollarse la fuerza productiva del trabajo” (p. 34). En cambio, la ganancia relativa indica una alteración de la relación de la riqueza entre las partes interesadas: uno/s ganan, otro/s pierden. Pero la suma total de riqueza permanece inalterada; no hay creación de nueva riqueza.

Marx considera que la ganancia positiva se refiere únicamente al valor de uso, y que está completamente separada del valor de cambio. Es por esto que puede ubicarse cómodamente a nuestro autor entre los mercantilistas. La adhesión de Steuart al mercantilismo se ve claramente en su concepción del precio: distingue entre el valor real de la mercancía (lo que vale) (4) y la ganancia obtenida en su venta (el famoso profit upon alienation - ganancia en la venta -). Esta ganancia lo es para uno, en tanto constituye pérdida para otro. No aumenta de ninguna manera la riqueza general; en el caso de Steuart, en la medida en que ésta crece, estamos hablando de valor de uso, no de valor de cambio.

La ganancia del capitalista es, pues, ganancia relativa, profit upon alienation. Nada más. En consecuencia, “si todas las mercancías se vendieran por su valor [real], no existiría la ganancia.” (p. 35).

En definitiva, Steuart circunscribe el surgimiento de la plusvalía al nivel de la circulación. ¿Cómo se genera nuevo valor? Misterio.

Sin embargo y con ser errónea, no hay que subestimar la concepción de los mercantilistas acerca del origen de la plusvalía. Ésta tiene sentido si nos situamos en el punto de vista del capitalista individual - mejor sería decir, del comerciante -. Para el empresario (y el comerciante), su ganancia surge del recargo que agrega al precio de fábrica. Y no se pregunta mucho más. Pero la concepción mercantilista resulta inadecuada cuando se asume el punto de vista de la sociedad (la reproducción social en su conjunto), pues allí lo que ganan unos empresarios es la pérdida de sus colegas (y de otros grupos de la sociedad). Los mercantilistas no pueden demostrar (explicar) la creación de nuevo valor y, por ello, se ven obligados a recurrir a factores exógenos (por ejemplo, el comercio internacional).

Sin embargo, el argumento clásico de los mercantilistas es más complejo que el planteado aquí. Para ellos, la ganancia no se da dentro de un país, “sino solamente en el cambio con otros países [de este modo] este valor se expresaba en dinero (oro y plata) y, por lo tanto, [...] la plusvalía se manifestaba en la balanza comercial, saldada en dinero.” (p. 36).

Dicho argumento clásico resulta importante para la comprensión de los problemas de la acumulación capitalista. La refutación de la idea de que la ganancia de los empresarios resulta de la explotación de otros países, permite una mejor comprensión (y refutación) de la teoría de la crisis por subconsumo.

En segundo lugar, Steuart es la “expresión racional”, “científica”, del mercantilismo, porque “pone de manifiesto cómo procede el proceso de disociación entre las condiciones de producción, consideradas como propiedad de [una] determinada clase, y la fuerza de trabajo.” (p. 36). Steuart analizó dicha disociación en la agricultura, y consideró que era condición para la gran industria.

Para cerrar estas notas, conviene recordar que Marx se preocupa por poner a las distintas corrientes económicas en su contexto histórico. Su tratamiento del mercantilismo no es la excepción a esta regla. Así, al estudiar las contradicciones de los fisiócratas, se preocupa por señalar el marco histórico-social en que se daban dichas contradicciones: Francia, país predominantemente agrario, sede de la escuela fisiocrática; Gran Bretaña, país donde predominaban la industria, el comercio y la navegación. En el caso inglés, “como es natural, aquí se mira, sobre todo, a la circulación, en que el producto sólo adquiere valor, sólo se convierte en mercancía en cuanto expresión del trabajo general de la sociedad, [en cuanto] dinero. Por eso, cuando no se trata de la forma del valor, sino de su magnitud y de la valorización, lo que aquí salta a la vista es el profit upon expropiation - ganancias sobre la venta -, es decir, la ganancia relativa que Steuart describe.” (p. 42).

Villa del Parque, domingo 28 de enero de 2018

NOTAS:
(1) El Capital dista mucho de ser una obra cerrada por su autor, y esto en múltiples sentidos, que no podemos desarrollar aquí. Por el momento, basta con señalar un hecho bien conocido: Marx alcanzó a publicar en vida sólo el Libro I (1867), dedicado al proceso de producción del capital. Friedrich Engels (1820-1895) se encargó de la publicación del Libro II (1885), cuyo tema es el proceso de circulación del capital, y del Libro Tercero (1894), donde se examina el proceso global de la producción capitalista. Marx proyectó un Libro IV, dedicado a la historia de la teoría de la plusvalía y redactó un extenso manuscrito. Karl Kautsky (1854-1938) editó el Libro IV en 1905-1910, pero ordenó los materiales originales en un orden que difería del indicado por Marx en su manuscrito. El Instituto de Marxismo Leninismo de la Unión Soviética preparó una nueva edición, que reproduce el manuscrito en su orden original: el primer volumen apareció en 1956, el segundo en 1959 y el tercero y último en 1962. La edición estuvo a cargo de la editorial Dietz, de Berlín Oriental. Todas las citas del Libro IV de El Capital corresponden a la siguiente edición: Marx, Karl. (1987). Teorías sobre la plusvalía I: Tomo IV de El Capital. México D. F.: Fondo de Cultura Económica.  La traducción estuvo a cargo de Wenceslao Roces.  
(2) Para un panorama somero del mercantilismo, consultar Fernández López, Manuel. (1998). Historia del pensamiento económico. Buenos Aires: A-Z editora. (pp. 75-82).
(3) Marx cita a Steuart a partir de la edición preparada por el general James Steuart, su hijo: The Works of Sir James Steuart, Londres, 1805. Los Principles se encuentran en el primero de los seis volúmenes de esa edición.
(4) El valor real de una mercancía se compone de tres partes: 1) la cantidad de trabajo que por término medio puede ejecutar el obrero de un país, en un día, una semana o un mes; 2) el valor de los medios de sustento y los demás medios para satisfacer las otras necesidades del obrero, así como las requeridas para procurarse las herramientas que su oficio requiere; 3) el valor de los materiales. Lo que excede de estos tres ítems, es la ganancia del manufacturero. (p. 35).

domingo, 19 de noviembre de 2017

PAUL MATTICK, "LA TEORÍA MARXISTA DEL VALOR"

Paul Mattick (1904-1981) es autor de la colección de artículos Marx and Keynes: The Limits of the Mixed Economý (1969). Esta obra tiene importancia no sólo por la crítica de la política económica keynesiana, sino principalmente por su análisis de la dinámica de la economía capitalista.


La presente ficha de lectura está dedicada al artículo “La teoría marxista del valor-trabajo”, que constituye el capítulo III de la obra. Trabajé con la traducción española de Ana María Palos: Marx y Keynes: Los límites de la economía mixta, Buenos Aires, Razón y Revolución, pp. 65-76. Todas las citas de Mattick pertenecen a dicha traducción.


No acostumbro intercalar cuestiones personales en los escritos que publico en el blog. Haré una excepción. Esta ficha, con toda su sencillez y sus deficiencias, encarna la voluntad de seguir adelante. Nada más.






El objetivo principal del artículo de Mattick consiste en examinar el carácter de las leyes en la teoría de Marx. Más claro, establecer si se trata de leyes “naturales” o “históricas”. Mattick dedica su atención a la teoría del valor-trabajo, un caso particular de esas leyes, más allá del papel central que ocupa en la concepción marxista del capitalismo.


Marx afirma que existen leyes generales, propias de todo proceso de producción. Son abstracciones y se las puede concebir como “naturales”:


“Cuando Marx habla de la ≪ley del valor≫ como referente a una realidad más profunda que subyace a la economía capitalista, se refiere al ≪proceso social de vida, o lo que es lo mismo, del proceso material de la producción≫. Estaba convencido de que en todas las sociedades, incluyendo la esperada sociedad socialista, la distribución proporcional del trabajo social de acuerdo a las necesidades sociales y requerimientos de reproducción resulta una necesidad inevitable.” (p. 82).


Marx abordó el problema de la distinción entre las leyes generales de todo proceso de producción y las leyes específicas de una forma particular de producción social en el capítulo 5 (Proceso de trabajo y proceso de valorización) del Libro Primero de El Capital. Allí puede leerse el siguiente pasaje:


“El proceso de trabajo, tal como lo hemos presentado en sus elementos simples y abstractos, es una actividad orientada a un fin, el de la producción de valores de uso, apropiación de lo natural para las necesidades humanas, condición general del metabolismo entre el hombre y la naturaleza, eterna condición natural de la vida humana y por tanto independiente de toda forma de esa vida, y común, por el contrario, a todas sus formas de sociedad. No entendimos necesario, por ello, presentar al trabajador en la relación con los demás trabajadores. Bastaba con exponer al hombre y su trabajo de una parte; a la naturaleza y sus materiales de la otra.” (1)


El proceso de trabajo en sentido general, en su forma más abstracta, posee leyes que son comunes a todas las formas de producción social.


“...todo lo que Marx dijo sobre este punto [se refiere al carácter de las leyes económicas] fue que existen leyes naturales y necesidades sociales que ninguna ley económica puede violar por mucho tiempo sin destruir a la sociedad.” (p. 83). “Como cualquier otra forma de producción social, también la producción de valores [la producción de mercancías], según el punto de vista de Marx, implica una distribución del trabajo social de acuerdo con las necesidades sociales y naturales.” (p. 84)


Sin embargo, lo que hay de determinado en las leyes más generales de la producción social corresponde a un medio social e históricamente determinado. Sólo podemos comprender las abstracciones cuando tenemos a la vista las formas sociales más desarrolladas. En la Einleitung puede leerse el siguiente pasaje:


“...incluso las categorías más abstractas, a pesar de su validez - precisamente debido a su naturaleza abstracta - para todas las épocas, son no obstante, en lo que hay de determinado en esta abstracción, el producto de condiciones históricas y poseen plena validez sólo para estas condiciones y dentro de sus límites.” (2)


Mattick explica así lo anterior:


“Por ejemplo (...) tanto el hecho y el concepto del trabajo abstracto, de ≪trabajo en general≫ son muy antiguos. Sin embargo, el trabajo abstracto como una categoría económica es una realización moderna. Los fisiócratas todavía consideraban el trabajo agrícola como la única clase de trabajo que creaba valor. Con Adam Smith, sin embargo, es ya el trabajo como tal, bien sea aplicado a la manufactura, al comercio o a la agricultura, el que produce la riqueza de las naciones. La riqueza se obtiene por medio de todos los trabajo, por el trabajo en general.” (p. 90-91). (3)


Dicho de otro modo, la abstracción de las categorías económicas sólo puede ser descubierta cuando se produce el más amplio desarrollo de sus determinaciones concretas. Así, el capitalismo, al igualar todas las mercancías en el valor de cambio, permite formular la categoría de valor.


Rudolf Hilferding (1877-1941) afirmó que Marx, al definir al trabajo como principio del valor, reconoció “el factor por cuya calidad y cantidad, por cuya organización y energía productiva, es controlada causalmente la vida social. [Por esta razón, el principio del valor es] idéntico a la idea fundamental de la concepción materialista de la historia.” (4)


Mattick refuta a Hilferding:


“A pesar de la afirmación de Hilferding, la concepción materialista de la historia no es idéntica a la teoría del valor-trabajo. La primera se refiere al desarrollo social en general, en el que el capitalismo es solamente un caso especial. La teoría del valor-trabajo se refiere a unas relaciones sociales específicas que operan bajo la producción de capital. La producción de capital transforma el proceso de trabajo en un proceso de producción de valor y las relaciones sociales en categorías económicas. La teoría del valor-trabajo se refiere a la inevitable necesidad - común a todas las sociedades - de trabajar y distribuir el trabajo social en proporciones definidas. Pero esta necesidad general se manifiesta en una ley del valor solamente en el capitalismo, y sólo porque la economía de mercado no puede separar el proceso de producción de valor del proceso de producción mismo. La ley del valor no opera fuera de las relaciones del mercado y es un requisito necesario para la organización del trabajo. Pero la organización del trabajo es necesaria para la producción social, y el capitalismo encuentra la respuesta a esta necesidad en la ley del valor.” (p. 89-90).


El propósito de las investigaciones de Marx no consistió en formular una teoría general de todas las formas de organización económica. Su objetivo fue “formular una teoría del desarrollo del capital. Esta teoría, la teoría del valor-trabajo, provenía de su crítica de la teoría clásica del valor.” (p. 79).


La economía política clásica, cuyos principales exponentes fueron Adam Smith (1723-1790) y David Ricardo (1772-1823), planteó que “el precio derivaba del valor y [que] el valor estaba determinado por el trabajo incorporado en los bienes. Esta concepción no rige en los casos específicos en los que el precio no tiene relación con el tiempo de trabajo. Marx encontró que la teoría del valor era indispensable para comprender las tendencias del desarrollo de la producción de capital y que, en realidad, era la única ≪base racional de la economía política≫.” (p. 79).


La teoría del valor-trabajo constituye el fundamento tanto de la economía política clásica como de su crítica marxista.


“La economía clásica, según Marx, alcanzó su apogeo con Ricardo y fue una expresión del capitalismo industrial ascendente en el marco del decadente régimen feudal. Se presentaba como la teoría de las clases productivas, en contraste con las clases no productivas, cuyos privilegios consistían en al apropiación de intereses y rentas. Todavía no se interesaba por el proletariado industrial y por lo tanto podía ver en el trabajo al único creador y la única medida del valor económico.” (p. 79-80).


En la medida en que se agudizó la lucha entre empresarios y trabajadores, la teoría del valor-trabajo se convirtió en una molestia para los economistas burgueses.


“Si el valor de los bienes está determinado por la cantidad de tiempo de trabajo requerida para su producción, y el producto total del trabajo social se divide en renta, beneficio y salarios, parece deducirse que la eliminación del beneficio y de la renta permitiría un intercambio de mercancías de acuerdo con su tiempo de trabajo. La economía ricardiana dio origen a una escuela de ≪socialistas ricardianos≫, que pedía un sistema de cambio que asegurase a los productores el valor completo de su trabajo.” (p. 80).


Marx siguió un camino diferente al de los ricardianos:


“Aunque Marx aceptó y desarrolló la teoría del valor de Ricardo, él no era ≪el más grande≫ de los economistas clásicos, sino su adversario. Sabía que el mismo proceso social del trabajo no tiene nada que ver ni con el valor ni con el precio sino solo con los esfuerzos físicos y mentales de la población trabajadora y el tiempo que consumían, y que ≪valor≫ y ≪precio≫ eran categorías fetichistas en las relaciones de producción existentes. Su crítica a la economía política estaba concebida como parte de una lucha social para abolir el capitalismo junto con las teorías económicas que racionalizaban su existencia.” (p. 81; el resaltado es mío - AM-).


Mientras que para la economía clásica las relaciones capitalistas de producción eran “naturales”, Marx afirmaba que “el capitalismo era solamente una forma histórica de producción social.” (p. 81). La importancia de la historia se manifiesta en todo el análisis marxista. Así sucede, por ejemplo, en la cuestión de la economía del tiempo (5):


“Pero aunque la ≪economía del tiempo≫ determine la distribución del trabajo en el socialismo como en el capitalismo, la distribución en sí misma será diferente para cada uno de estos sistemas. En el capitalismo está determinada por la producción de capital como valor de cambio; en el socialismo, la producción es supuestamente una producción para el uso, libre de valor. Por lo tanto, la distribución del trabajo en el capitalismo no es idéntica a la distribución del trabajo que prevalece en otras formas de producción social. Es una forma capitalista modificada de esta necesidad de distribuir el trabajo en proporciones determinadas. Y es precisamente esta modificación la que hace que la distribución del trabajo en el capitalismo aparezca como una ≪ley económica≫ operando ciegamente como una ley natural. Porque es la naturaleza del proceso de producción la que determina la distribución del trabajo según las necesidades planteadas por la economía del tiempo. Aunque la producción de valor también descansa en el trabajo social y en la economía del tiempo, no se deriva del proceso de trabajo mismo. Más precisamente, la producción de valor deriva del proceso de trabajo tal como lo modifican y cambian las relaciones sociales del capitalismo.” (p. 88-89).


Mattick afirma que Marx formula la siguiente definición de capitalismo:


“El capitalismo no es una sociedad de trabajadores independientes que cambian sus productos de acuerdo con el promedio social de tiempo de trabajo incorporado en ellos: es una economía productora de plusvalía empeñada en la persecución competitiva del capital. La fuerza de trabajo es una mercancía; su valor (valor de cambio) está determinada por sus requerimientos de producción y reproducción medida en términos de tiempo de trabajo. Su valor de uso tiene la capacidad de producir, además de su propio valor de cambio, plusvalía. Ese modo de producción es posible porque los trabajadores están separados de los medios de producción, y de esa manera están forzados a vender su fuerza de trabajo a los dueños de capital. Obviamente, el cambio ≪igual≫ entre capital y trabajo en términos de valor se basa en el hecho de que parte del trabajo social no es cambiado en absoluto, sino que sencillamente es apropiado por los compradores de fuerza de trabajo.


Pero tanto si es enajenado como si es cambiado, el producto social entra en el mercado en forma de mercancías. Cualquier parte de él no puede ser vendida carece de valor, aunque se haya incorporado trabajo en ella. La parte no vendida del trabajo social será un despilfarro de trabajo excedente; simplemente habrá menos plusvalía que trabajo excedente. Para realizar toda la plusvalía producida, es necesario producir mercancías para que exista una demanda suficiente. Los capitalistas, individualmente, ajustarán su producción a través de pruebas y errores a la cambiante demanda del mercado social.” (p. 94-95).


Mattick describe así la lógica del empresario:


“El trabajo y el tiempo de trabajo es una preocupación de todo empresario, aun cuando tenga su atención fija en los precios del mercado en el intento de llevar al máximo sus beneficios. Porque para obtener esos beneficios, primero debe llevar al máximo el trabajo excedente en el proceso de producción. Puede lograr esto bien alargando el tiempo de trabajo o bien aumentando la intensidad y productividad del trabajo durante un tiempo dado. En cualquiera de estos casos, tratará de reducir al mínimo el valor de cambio de los trabajadores y aumentar al máximo su plusvalía. Lo que se aplica al empresario individual se aplica también a la sociedad globalmente: de la producción total, un mínimo de salarios producirá un máximo de beneficios.” (p. 95).

Villa del Parque, domingo 19 de noviembre de 2017

NOTAS:
(1) Marx, Karl, El Capital, México D. F., Siglo XXI, 1996, p. 223.
(2) Marx, Karl, Elementos fundamentales para la crítica de la economía política: Borrador 1857-1858, México D. F., Siglo XXI, 1997, p. 26. Los Grundrisse der Kritik der Politischen Ökonomie (título en alemán de la obra) constituyen un grupo de manuscritos redactados por Marx entre octubre de 1857 y marzo de 1858. Puede ser considerada como la primera redacción de El Capital. Entre agosto y septiembre de 1857, escribió la Einleitung [Introducción] a los Grundrisse.
(3) Marx desarrolló en la Einleitung el ejemplo del trabajo abstracto: “La indiferencia frente a un género determinado de trabajo supone una totalidad muy desarrollada de géneros reales de trabajo, ninguno de los cuales predomina sobre los demás. Así, las abstracciones más generales surgen únicamente allí donde existe el desarrollo concreto más rico, donde un elemento aparece como lo común a muchos, como común a todos los elementos. Entonces, deja de ser pensado solamente bajo una forma particular. Por otra parte, esta abstracción del trabajo en general no es solamente el resultado intelectual de una totalidad concreta de trabajos. La indiferencia por un trabajo particular corresponde a una forma de sociedad en la cual los individuos pueden pasar fácilmente de un trabajo a otro y en la que el género determinado de trabajo es para ellos fortuito y, por lo tanto, indiferente. El trabajo se ha convertido entonces, no sólo en cuanto categoría, sino también en la realidad, en el medio para crear la riqueza en general y, como determinación, ha dejado de adherirse al individuo como una particularidad suya. Este estado de cosas alcanza su máximo desarrollo en la forma más moderna de sociedad burguesa, en los Estados Unidos. Aquí, pues, la abstracción de la categoría ≪trabajo≫, el ≪trabajo en general≫, el trabajo sans phrase, que es el punto de partida de la economía moderna, resulta por primera vez prácticamente cierta. De este modo, la abstracción más simple que la economía moderna coloca en el vértice, y que expresa una relación antiquísima y válida para todas las formas de sociedad, se presenta no obstante como prácticamente cierta en este grado de abstracción sólo como categoría de la sociedad moderna.” (Marx, Elementos fundamentales, p. 25-26).
(4) Hilferding, Rudolf, "Böhm-Bawerk's Marx-Kritik". [La crítica de Bohm-Bawerk a Marx]. (Publicado por primera vez en MARX STUDIEN, Viena, 1904). Mattick cita a partir de la traducción inglesa de dicho artículo, incluida en Sweezy, Paul, ed. (1949). Karl Marx and the Close of his System. New York: Augustus Kelly. (p. 133-134).
(5) Marx planteaba que toda economía se reducía, en definitiva, a la “economía del tiempo”. (Marx, Elementos fundamentales, p. 101).

sábado, 4 de noviembre de 2017

MARX Y EL CAMINO HACIA EL CAPITAL: 1859-1867

Ernest Mandel (1923-1995) es un economista marxista, autor de varios trabajos importantes en el campo de la teoría económica. Su obra La formación del pensamiento económico de Marx de 1843 a la redacción de El Capital: estudio genético [1], publicada en 1967, es un libro clásico en la bibliografía sobre Marx y El Capital. No dispongo del tiempo para realizar un extenso comentario crítico de la obras. Por el momento, y para beneficio de los lectores interesados, realizo aquí un resumen de una parte del trabajo de Mandel, dedicada al proceso de elaboración de la obra magna de Marx.




5) El libro “incompleto” Zur Kritik der Politischen Ökonomie (1859) [2]

Marx consideraba al Libro I (1867) como la “continuación” de esta obra. Explicaba la “prolongada pausa” entre la publicación de ellas por la “enfermedad” que lo aquejaba. [3]

En el “Prólogo a la 1° edición” de El Capital (1867), Marx afirma que la Sección primera del Libro I [Mercancía y dinero] “resume el contenido” de Zur Kritik. Pero no se trata de un mero resumen. “Se ha mejorado la exposición. (...) ampliamos el desarrollo de muchos puntos que antes sólo se bosquejaban, mientras que, a la inversa, aquí meramente se alude a aspectos desarrollados allí con detenimiento. Se suprimen por entero (...) las secciones sobre la historia de la teoría del valor y del dinero.” [4]




6) Manuscritos de 1861-1863. [5]

Engels los describe así: “un manuscrito, Contribución a la crítica de la economía política, de 1472 páginas en cuarto, en 23 cuadernos, redactado de agosto de 1861 a junio de 1863. Es la continuación del primer cuaderno aparecido en 1859 en Berlín, bajo el mismo título.” [6]

El contenido de los cuadernos es el siguiente:

Cuadernos I-IV (páginas 1-220) =  tratan temas incluidos en el Libro I de El Capital, desde la transformación del dinero en capital hasta el final, y constituyen la primera redacción del texto correspondiente. Continúan en los Cuadernos XIX-XXIII.

Cuadernos V-XV (páginas 220-972) = fueron utilizados por Karl Kautsky (1854-1938) para publicar las Teorías sobre el plusvalor. Engels afirma “esta sección contiene una historia crítica detallada del punto esencial de la teoría política, la teoría del plusvalor, y desarrolla al mismo tiempo, en antítesis polémica con los predecesores, la mayor parte de los puntos que más adelante se investigan, de manera especial y en su conexión lógica, en el manuscritos correspondientes a los libro II y III.” [7]

Cuadernos XVI, XVII y XVIII (páginas 973-1158) = tratan temas relacionados con el Libro III de El Capital, esto es, el capital y la ganancia, tasa de ganancia, capital comercial y capital dinerario.

Cuadernos XIX-XXIII (páginas 1159-1472) = Continúan los temas de los Cuadernos I-IV. Incluyen un extenso tratamiento de la historia de la técnica y el uso de la maquinaria bajo el capitalismo.

Rosdolsky apunta que “hay partes importantes de ese manuscrito que aún siguen esperando su publicación”, pues Kautsky “se limitó (y lo mismo vale para la nueva edición de las Teorías) a la parte del manuscrito que trataba acerca de las ≪teorías sobre el plusvalor≫”. [8]. Rosdolsky calcula que la parte no publicada de los cuadernos llenaría un volumen de más de 1000 páginas.

7) Un manuscrito de 1864-1865 que trata en su mayoría de temas que aparecen en El Capital, Libro III.

Engels apunta que Marx lo escribió inmediatamente antes de comenzar la redacción definitiva del Libro I. [9]

8) 4 manuscritos redactados entre 1865 y 1870, utilizados por Engels para El Capital, Libro II.

El Manuscrito I consta de 150 páginas y fue redactado en 1865 o 1867, “constituye la primera redacción independiente, aunque más o menos fragmentaria, del Libro II en su ordenamiento actual.”

El Manuscrito II data de 1870. Es la “única redacción hasta cierto punto acabada que poseemos del Libro II”.

El Manuscrito III se compone en parte de un conjunto de citas y referencias a los cuadernos de resúmenes de Marx, en parte análisis de puntos diversos (crítica de las tesis de Adam Smith respecto al capital fijo y al capital circulante y a la fuente de la9 ganancia). También contiene una exposición acerca de la relación entre la tasa de plusvalor y la tasa de ganancia (Libro III).

El Manuscrito IV es una redacción para la imprenta de la 1° Sección y de los primeros capítulos de la Sección 2° del Libro II.




9) La versión final del Libro I de El Capital, redactada en 1866-1867.




En un trabajo posterior resumiré las distintas modificaciones que sufrió el plan de El Capital, hasta la publicación del Libro I (1867).


Villa del Parque, sábado 4 de noviembre de 2017



NOTAS:
[1] Traducción española de Francisco González Aramburu: 6° edición, Madrid, Siglo XXI, 1974.
[2] Hay traducción española de León Mamés: Marx, Karl. (2000). [1° edición: 1859]. Contribución a la crítica de la economía política. México D. F.: Siglo XXI.
[3] Traducción española de Pedro Scaron: Marx, Karl. (1996). [1° edición: 1867]. El Capital. Crítica de la economía política: Libro Primero. El proceso de producción de capital. México D. F.: Siglo XXI (p. 5).
[4] Marx, K., El Capital, p. 5.
[5] En el “Prólogo” a El Capital, Libro II, Engels describió los materiales que utilizó al momento de preparar la edición. Marx, Karl. (1998). [1° edición: 1885]. El Capital: Crítica de la economía política: Libro Segundo: El proceso de circulación del capital. México D. F.: Siglo XXI. (pp. 4-7).
[6] Engels en Marx, 1998: 4.
[7] Engels en Marx, 1998: 4-5.
[8] Rosdolsky, Roman. (1989). [1° edición: 1968]. Génesis y estructura de El capital de Marx. México D. F.: Siglo XXI. (p. 40).

[9] Engels en Marx, 1998: 5.