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domingo, 28 de marzo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (2): LA TOTALIDAD

En el prólogo a la 1º edición de El Capital, Karl Marx (1818-1883) indica cuál es el tema que va a tratar en la obra:


"Lo que he de investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción e intercambio a él correspondientes." (I, 1: 6).


La teoría social de Marx se caracteriza, como todas las grandes teorías sociales, por su preocupación por aprehender teóricamente (es decir, por medio de conceptos) la totalidad social. Es importante recordar esto, puesto que en la época que nos ha tocado vivir y padecer las llamadas "ciencias sociales" se concentran en la producción de todo tipo de estudios "micro", dejando de lado la investigación sobre el funcionamiento de la sociedad en su conjunto. Si de algo podemos estar seguros en el campo de los estudios sociales, es que TODA teoría social relevante (en el sentido de haber ejercido una influencia significativa en el proceso de comprensión de cómo es la sociedad) se construyó en torno a la idea de que es necesario comprender la totalidad social y no sólo una parte de esta. En otras palabras, si estamos en condiciones de hablar de logros y progresos en el campo de la teoría social, éstos se han obtenido precisamente por medio de la adopción de un punto de partida centrado en la totalidad. Por el contrario, la decadencia y miseria de las "ciencias sociales" se expresa a través de la inflación en la producción de papers dedicados al estudio de cuestiones menores, sin plantear en ningún momento la conexión que existe entre los distintos aspectos de la realidad social. Si bien aquí carecemos de espacio para estudiar las causas de dicha decadencia, cabe indicar que ésta no obedece a causas "internas" a la teoría social (si bien el desarrollo académico de las "ciencias sociales" colabora en esa dirección), sino que responde a la situación actual de la relación entre las distintas fuerzas sociales en el contexto mundial. En un marco caracterizado por la derrota de las fuerzas sociales que cuestionaron en las décadas de 1960 y 1970 la existencia misma del capitalismo, es lógico que este sistema social aparezca a los ojos de los "científicos sociales" con la forma natural de organizar la producción y la sociedad. En otras palabras, la actitud de los "cientistas sociales" no es otra cosa que la versión "culta" de la concepción popular que sostiene que "nada se puede cambiar" y que lo único posible es "aguantar" o "ir tirando". Claro que, por supuesto, para el "científico social" el "aguantar" tiene un contenido bien diferente al de la persona de a pie que viaja en colectivo y sufre en carne propia las contradicciones del sistema social. Para el "científico social" el "aguantar" significa dejar de lado cualquier veleidad transformadora y dedicar su existencia a luchar por obtener financiamiento para realizar investigaciones que no le importan a nadie y con las que puede viajar por el mundo y disfrutar de una existencia que se asemeja a las de los sectores altos de la mediana burguesía.


Marx expresa, en la frase citada al principio de este texto, una concepción totalmente diferente de las tareas de la teoría social. Desde el comienzo mismo de la obra avisa que su objeto de estudio va a ser el modo de producción capitalista, y no algún aspecto aislado de este. Así, Marx continúa la tradición clásica de la filosofía política, para la cual era imprescindible el conocimiento del conjunto de las características de la sociedad. Esta toma de posición también implica una oposición al punto de vista del INDIVIDUALISMO METODOLÓGICO, corriente que postulaba que todos los estudios sociales tenían que comenzar, necesariamente, por el individuo y sus características. No es casualidad que el individualismo metodológico constituya la base epistemológica de la economía política, disciplina que se encuentra en el centro de la crítica de Marx en El Capital. Además, y esto será motivo de tratamiento en entradas posteriores en este blog, el individualismo metodológico es el sustrato más general del sentido común en la sociedad capitalista, según el cual sólo existen las personas y sus aspiraciones, y todo aquello que está más allá del individuo carece de sentido.


Marx, entonces, afirma que va a estudiar el MODO DE PRODUCCIÓN CAPITALISTA. Esto significa que su investigación se va a centrar en la totalidad social, pero, además, que esta totalidad es estudiada desde el punto de vista del proceso de producción.


¿Qué significa esto?

Para Marx, toda sociedad tiene que resolver una serie de cuestiones vitales para su existencia misma. Una de estas es la de asegurar la provisión de alimentos y demás artículos que permiten la sobrevivencia misma de los inviduos que la integran, así como también su reproducción y la permanencia de la sociedad en las futuras generaciones. Ahora bien, la obtención de los bienes que satisfacen estas necesidades se logra, precisamente, mediante el desarrollo del proceso de trabajo, que puede ser concebido como la forma en que se verifica el intercambio entre los seres humanos y la naturaleza. De ahí que el proceso de trabajo ocupe un lugar primordial en toda sociedad, pues nos da la clave para entender la existencia misma de la sociedad. Además, para la realización del proceso de trabajo es necesaria la puesta en práctica de distintos tipos de relaciones entre los seres humanos (las RELACIONES SOCIALES DE PRODUCCIÓN), que implican, como veremos en otros textos, la generación de relaciones de poder entre las distintas personas y la conformación de las CLASES SOCIALES.
El Capital tiene, pues, por objeto de estudio la sociedad capitalista, pero abordada desde el nivel de las relaciones sociales de producción. En nuestra época, en la que se han institucionalizado campos de investigación tales como la historia social y la historia económica, esto no parece demasiado novedoso. Pero si nos ubicamos en 1867, año en que se publicó la 1º edición de El Capital, esto constituyó un enfoque totalmente revolucionario que marcó un hito en la historia de la teoría social. Esto constituye uno de los mayores méritos de la obra, y tiene que ser destacado porque a partir de él se elaboró mucho de lo más valioso de la teoría social moderna (marxista y no marxista). En textos posteriores volveremos sobre esta cuestión, tan olvidada en los tiempos que corren.
Por último, hay que resaltar que Marx considera que el modo de producción está constituido por relaciones de producción e intercambio. Este punto es de suma importancia, porque sirve para entender que el núcleo de la concepción marxista de la sociedad se encuentra construido en torno a tres pilares: a) la sociedad como una totalidad; b) la centralidad del proceso de producción para entender la naturaleza de toda sociedad; c) la relación social como eje constitutivo de lo social. Un par de aclaraciones sobre el último punto. A diferencia de las concepciones tradicionales, que solían definir la relación a partir de los polos que la constituyen (por ejemplo, en la manera clásica de considerar la teoría del conocimiento, lo central era determinar si el factor activo era el polo del objeto o el polo del sujeto), Marx pensaba que era la relación la que constituía los polos o los extremos que se podían aislar mediante el análisis. Esto se percibe claramente en la concepción marxista del capital. Así, mientras que para los economistas el capital es una cosa (tierra, edificios, máquinas, dinero, etc.), para Marx el capital es una relación social, la cual hace que las cosas funcionen como capital. Por ejemplo, una máquina es capital en la medida en que haya trabajadores que la pongan en marcha; si estos últimos se declaran en huelga, la máquina deja de ser capital y pasa a ser una cosa que genera pérdidas a la empresa (pues hay que hacerle mantenimiento aunque no se la utilice).
Buenos Aires, domingo 28 de marzo de 2010

domingo, 21 de marzo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (1): EL MÉTODO

En el prólogo de la 1º edición alemana de El Capital (fechado en Londres el 25 de julio de 1867), Karl Marx (1818-1883) hace el siguiente comentario metodológico:
"Cuando analizamos las formas económicas, no podemos servirnos del microscopio ni de reactivos químicos. La facultad de abstraer debe hacer las veces del uno y de los otros." (I, 1: 6). (1) (2)

Antes de pasar a discutir el contenido de este fragmento, es conveniente hacer una breve referencia al contexto en que se inserta dicho pasaje. Marx señala que, a pesar de su sencillez, la forma mercancía del valor sólo pudo ser descubierta en el siglo XIX. Ahora bien, no cabe duda de que hubo economía mercantil (mejor dicho, distintas variantes de ésta) en todas las sociedades que pasaron del nomadismo al sedentarismo. La gran antigüedad de la forma mercantil lleva a formular el problema del porqué se demoró tanto en el descubrimiento de la forma mercancía. En otras palabras, la expresión más simple del valor sólo pudo ser descubierta cuando la mercancía había recorrido un largo camino histórico y se había convertido en una relación social omnipresente en todos los rincones de la sociedad.


Marx proporciona en la afirmación arriba citada el esbozo de una explicación para el problema mencionado arriba. Esta explicación, cabe decirlo, está expresada en el nivel metodológico antes que en el nivel ideológico. ¿Qué significa esto? De modo esquemático, puede afirmarse que toda teoría social expresa la visión del mundo de una determinada clase (o grupo) social, visión que refleja en líneas generales la peculiar experiencia vital de esa clase; dicho de otro modo, las condiciones específicas de vida de esa clase generan una manera especial de concebir la sociedad y el mundo. Esa visión del mundo es ideológica en la medida en que expresa una experiencia particular, y es tanto más ideológica cuanto más particular es. Un análisis de la teoría social en general (y de cualquier teoría social en particular) llevado a cabo desde el nivel ideológico, implica indagar, en primer lugar, los condicionantes sociales de dicha teoría o, lo que es lo mismo, en la conexión entre dicha teoría y la experiencia particular de una clase social. Así, por ejemplo, cabe decir que la economía política clásica constituye una expresión de la experiencia de la burguesía en ascenso de finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX, en tanto que la teoría de Marx es una de las expresiones de la experiencia del proletariado en el siglo XIX.
Analizar la teoría social sólo en el nivel ideológico supone una simplificación tal que termina por oscurecer la comprensión de lo que se está estudiando. Hay que tener presente en todo momento que existen otros niveles de análisis, y que focalizarse exclusivamente en uno de ellos termina por una visión parcial, unilateral, de la teoría. Uno de estos niveles es el metodológico, y consiste en poner la atención sobre el punto de partida del análisis (los supuestos últimos de toda teoría, en el sentido de principios más generales sobre la sociedad), y sobre los instrumentos teóricos y de recolección de datos empleados por dicha teoría. Por tanto, este nivel de análisis se encuentra ligado indisolublemente a los supuestos epistemológicos de la teoría. Así, por ejemplo, la economía clásica es examinada desde el nivel metodológico centrando el estudio en los supuestos más generales de la teoría económica (por ejemplo, el supuesto de que los seres humanos son egoístas por naturaleza y que actúan con el objetivo de satisfacer sus propias necesidades, sin importarles un comino los padecimientos y necesidades de sus congéneres).

Ahora estamos en condiciones de examinar la explicación "metodológica" que esboza Marx para el problema del conocimiento tardío de la forma mercancía. La forma mercancía es la forma más simple del valor, y en teoría social todo lo simple viene oscurecido por el sello de la naturalización de los procesos sociales (es decir, atribuir a las relaciones sociales el carácter de relaciones naturales, eternas en tanto dimanan de una naturaleza humana inmutable y ahistórica). Aunque resulte una afirmación paradójica, lo complejo es sencillo a causa de su misma complejidad, pues permite recurrir al expediente de remitir a algo más simple para explicarlo.

¿En qué consiste, en el campo de la teoría social, la complejidad de lo más simple?

En primer lugar, en el hecho de que el objeto de estudio sean las relaciones sociales y no las cosas. En el pasaje citado Marx expresa esto de manera indirecta al decir que "no podemos servirnos del microscopio ni de reactivos químicos". Esto significa que no tratamos con cosas materiales, que pueden ser abordadas por procedimientos mecánicos. Todo aquél que se interesa por la teoría social tiene que vérselas con relaciones sociales, y ello hace que ni los procedimientos metodológicos privilegiados por las ciencias naturales ni las herramientas conceptuales forjadas por éstas puedan ser empleados sin tener en cuenta toda una serie de mediaciones, so pena de caer en la cosificación de las relaciones sociales. En pocas palabras, en la teoría social el concepto fundamental es del de relación, y la incomprensión de este punto es la que acarrea los problemas metodológicos más graves (entre ellos, queda abierta la puerta para la ideología de las clases interesadas en mantener el estado de cosas existente).

En segundo lugar, las "formas económicas" (que son, a pesar del "olvido" de muchos economistas, un tipo específico de relaciones sociales) tienden a ser naturalizadas, es decir, concebidas como formas sociales que son naturales y eternas. Lo social pierde, por tanto, su carácter histórico, lo que equivale a decir que se desvanece todo elemento dinámico, y se cristaliza en torno a esencias naturales e inmutables. Ahora bien, si se ignora la historia y se considera que lo existente es lo natural, no sólo se legitima el statu quo sino que se pierde la noción misma de relación en detrimento de la noción bien distinta de estructura. La relación implica concebir una totalidad dinámica, en la que el cambio y la transformación son la regla; en otros términos, la relación supone interacción, la cual deriva en el reconocimiento de la imposibilidad de que las cosas permanezcan iguales a sí mismas (por supuesto, subyace el postulado de que toda interacción conlleva necesariamente la transformación de las "partes" o "polos" que se relacionan). Por el contrario, la noción de estructura pone en el centro de la escena a la cuestión de la permanencia, de la estabilidad. No se trata, por cierto, de que la estructura suponga necesariamente una forma de pensamiento estática, pero si cabe reconocer que lleva implícita una fuerte tendencia a percibir lo social en función de lo estático, de lo que no se modifica.

Establecido lo anterior, podemos pasar a examinar la cuestión propuesta por Marx en el pasaje citado. Las herramientas metodológicas creadas para captar "cosas" (representadas aquí por el microscopio y por los reactivos químicos) no sirven para estudiar las relaciones sociales. Su empleo conduce inevitablemente a cosificar las relaciones sociales, reforzando el carácter aparencial ostentado por la realidad social y opacando la comprensión de todo lo que es fundamental para explicar lo que está sucediendo en la sociedad.

Todo lo dicho hasta aquí forma parte de un debate más amplio, a saber, el que gira en torno a la naturaleza del método dialéctico y a sus diferencias con otras herramientas teóricas para abordar el problema más general de la teoría social: el carácter que asumen la sociedad y las relaciones sociales. Un camino útil para continuar la discusión consiste en estudiar las diferencias que encuentra Marx entre el método de la abstracción dialéctica y el método analítico. Para ello es preciso remontarse a un texto anterior al del prólogo citado aquí; hay que retroceder hasta 1857 y revisar las formulaciones contenidas en la Einleitung (Introducción) a los Grundrisse (obra publicada mucho después de la muerte de Marx y que puede considerarse como el primer intento de redacción de El Capital). A esta cuestión estará dedicado el próximo artículo.

Buenos Aires, domingo 21 de marzo de 2010

NOTAS:

(1) En todas las notas dedicadas a El Capital utilizo, salvo indicación en contrario, la edición preparada por Pedro Scaron para Siglo XXI Editores (1º edición, 1975). En mi caso dispongo de un ejemplar de la 21º edición, publicada en México D. F. por la citada editorial. La traducción, advertencia y notas corresponden al citado Scaron.
(2) Para indicar la página correspondiente de la edición Siglo XXI procedo de la siguiente manera: I corresponde al número de Libro de la obra (recordar que El Capital está constituido por cuatro libros); 1 al número de volumen de la edición Siglo XXI (esta edición publicó los tres primeros libros en 8 volúmenes); 6 hace referencia al número de página de la edición Siglo XXI. Así, la referencia que figura entre paréntesis debe leerse del siguiente modo: Libro Primero, volumen 1, página 6 de la edición Siglo XXI de El Capital.