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martes, 25 de mayo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (6): EL PROCESO DE TRABAJO

En el capítulo 5 de El capital Marx hace mención a la cuestión de la naturaleza humana, diciendo que al transformar la naturaleza exterior, los seres humanos transforman su propia naturaleza (I, 1: 216). En las Tesis sobre Feuerbach ya había propuesto una concepción que se enfrentaba abiertamente con la posición defendida por la filosofía política (y también por los economistas, que la tomaron de ésta), según la cual la naturaleza humana era inmutable y ahistórica. Así, en la tesis nº 6, escribió: "...la esencia humana no es algo abstracto e inmanente a cada individuo. Es, en su realidad, el conjunto de las relaciones sociales." (1985: 667). De este modo, la naturaleza humana no es pensada como algo inmutable, que permanece igual a sí mismo, encerrado en el interior de cada una de las personas; es, al contrario, algo extremadamente maleable, que aparece (se va desplegando, diría el viejo Hegel) en la medida en que se desarrollan las relaciones sociales. En otras palabras, no hay esencia humana sin relación.

Pero las Tesis permanecen todavía en el terreno de la confrontación con la filosofía. Con toda la riqueza de su contenido, adolecen del defecto de permanecer en el suelo de lo abstracto, sin pasar al análisis del "conjunto de las relaciones sociales" que constituyen (y construyen!) la esencia humana. Es por esto que hay que remarcar nuevamente la importancia del capítulo 5, en tanto Marx aborda allí la problemática de la naturaleza humana a partir del examen de la forma fundamental de la práctica humana, el proceso de trabajo.

En el capítulo 5 Marx presenta dos características centrales de la naturaleza humana: a) es producida por la práctica, esto es, se manifiesta a través de la práctica no como algo acabado que se va desplegando en el mundo exterior a la persona, sino que su misma naturaleza se va construyendo en la práctica, en la relación. La esencia inmutable sólo existe en el mundo gaseoso de los filósofos de la "realidad trascendente". De más está decir que esta concepción marxiana de la naturaleza humana se opone radicalmente a toda forma de naturalización de las relaciones sociales y sienta las bases para la posibilidad misma de pensar la revolución. Hay que tener siempre presente que todas las clases dominantes han elaborado argumentos naturalizadores para justificar su dominación. Aún la burguesía, que efectuó una ruptura radical con la filosofía política de las sociedades precapitalistas al postular que el cambio y la igualdad eran valiosos en detrimento de la defensa de la tradición y la desigualdad, se vio obligada a sostener la existencia de una naturaleza humana inmutable, cuya encarnación es el homo oeconomicus. Frente a todo esto, Marx afirma que la naturaleza humana SE CREA en la práctica. Aquí se encuentra, por cierto, la clave para mensurar. Aquí se encuentra, por cierto, la clave para mensurar la distancia que separa a Marx del viejo materialismo mecanicista; b) la naturaleza humana está formada por un conjunto de potencialidades que se despliegan efectivamente en la práctica. No se trata, por cierto, de una recaída de Marx en la concepción tradicional de la naturaleza humana. Estas potencialidades no constituyen una suma fija desde el principio de los tiempos. Es, al contrario, un conjunto dinámico que se va acrecentando a medida que se extienden las relaciones sociales. El ser humano posee, pues, una naturaleza potencialmente universal, capaz de desarrollarse (= poner en práctica, expresar sus potencialidades) en múltiples dimensiones; por lo tanto, no está condenado a repetir siempre la actividad para la que está mejor dotado o a ubicarse en una jerarquía social a gusto de las clases dominantes.

Es entonces el proceso de trabajo el lugar desde donde puede comprenderse mejor esta concepción marxista de la naturaleza humana.

Marx continúa su análisis del proceso de producción y afirma que concibe el trabajo en su forma específicamente humana, esto es, como "un resultado que antes del comienzo de aquél (del proceso de trabajo) ya existía en la imaginación del obrero, o sea idealmente. El obrero no sólo efectúa un cambio de forma de lo natural; en lo natural, al mismo tiempo, efectiviza su propio objetivo, objetivo que él sabe que determina como una le, el modo y manera de su accionar y al que tiene que subordinar su voluntad." (I, 1: 216). Esta manera de pensar el papel del obrero se entronca directamente con la teoría del sujeto desarrollada por el idealismo alemán (1). El ser humano no es un mero engranaje que cumple una función determinada en el marco de la organización de la producción (como ocurre en la teoría de los factores de producción). En el trabajo el productor transforma en acto lo que estaba en su mente como potencia; en otras palabras, en el proceso de producción el trabajador libera creativamente lo que bulle en su mundo interior. Esta forma de pensar la cuestión marca la continuidad existente en el pensamiento de Marx respecto al modo de considerar y caracterizar al proceso de trabajo. Si nos remontamos a los Manuscritos de 1844, encontramos ideas semejantes, sólo que en ellos está presente la noción de que existe una esencia humana inmutable que es ultrajada por las condiciones de la producción capitalista. En los Manuscritos puede leerse: "El hombre convierte su actividad vital misma en objeto de su voluntad y de su conciencia. Tiene una actividad vital consciente (...) La actividad vital consciente diferencia inmediatamente el hombre de la actividad vital animal." (2004: 112-113).

El trabajo es, por tanto, actividad consciente de los seres humanos. Dada la centralidad que ocupa en la vida humana la reproducción de sus condiciones de existencia, y puesto que el proceso de trabajo tiene por objetivo dicha reproducción, es claro que esta forma de actividad consciente juega un papel fundamental en la constitución de los seres humanos.No se trata, por cierto, de la mera reproducción material, sino que el proceso de producción es un lugar privilegiado en el proceso de constitución misma de la conciencia de los seres humanos. Sólo comprendiendo esto es posible visualizar la producción como una instancia política central en la sociedad capitalista (esta afirmación se hace extensiva, por supuesto, a toda forma de sociedad).

En la medida en que es expresión de la actividad vital consciente de las personas, el trabajo puede ser un ámbito de disfrute para el trabajador, en tanto y en cuanto adquiere la forma de un "juego de sus propias fuerzas físicas y espirituales" (I, 1: 216). Pero esto supondría que el trabajador es dueño de sus condiciones de existencia, esto es, presupone la vigencia de una organización socialista de la producción. Si esto último no se verifica, el trabajo adquiere la forma de una negación de la actividad vital consciente de los trabajadores, pues la dirección del proceso queda en manos de otra clase social (la burguesía). La apropiación efectiva del proceso laboral por el capitalista (a la que Marx denomina subsunción real) se traduce en dos consecuencias: a) la apropiación de la actividad vital consciente de los individuos por el capitalista (cuestión tratada extensamente en los Manuscritos bajo la denominación de alienación); b) la subordinación política de los trabajadores al empresario capitalista (la fábrica como instancia política fundamental en el capitalismo). Es preciso enfatizar que el significado más fuerte del concepto de explotación se encuentra para Marx en estos dos puntos; es por esto que, más allá de su innegable importancia, la cuestión de la apropiación del plusvalor por el capitalista es un corolario de la dominación del empresario sobre la actividad vital consciente de los individuos.

Buenos Aires, jueves 27 de mayo de 2010

NOTAS:

(1) Marcuse, refiriéndose a Hegel (1770-1831), expone así la concepción del sujeto de este autor: "«Sujeto» denota no sólo el ego epistemológico o conciencia, sino también un modo de existencia, a saber, que una unidad que se está autodesarrollando constituye un proceso antagónico. (...) Únicamente el hombre tiene el poder de percatarse a sí mismo, el poder de ser un sujeto que se autodetermina en todos los procesos de su conversión, pues sólo él tiene una comprensión de las potencialidades y un conocimiento de las «nociones». Su existencia misma es el proceso de actualizar sus potencialidades y de configurar una vida de acuerdo con las nociones de la razón." (1986: 14-15).

domingo, 23 de mayo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (5): EL PROCESO DE TRABAJO

Para comprender mejor la importancia que tiene el capítulo 5 del Libro Primero de El capital es conveniente empezar este nuevo comentario haciendo notar que dicho capítulo se encuentra precedido por los dos párrafos finales del capítulo 4 (Transformación del dinero en capital).

En el capítulo 4, luego de demostrar que el dinero se convierte en capital respetando el principio de igualdad en el intercambio, en los dos pasajes mencionados Marx señala la enorme diferencia existente entre la esfera de la circulación (intercambio de mercancías), en la que impera la libertad, la igualdad, la propiedad y el utilitarismo, y la esfera de la producción, en la que el obrero se halla sometido completamente al capitalista: "El otrora poseedor de dinero abre la marcha como capitalista; el poseedor de fuerza de trabajo lo sigue como su obrero; el uno, significativamente, sonríe con ínfulas y avanza impetuoso; el otro lo hace con recelo, reluctante, como el que ha llevado al mercado su propio pellejo y no puede esperar sino una cosa: que se lo curtan." (I, 1: 214). De este modo y con su habitual mordacidad, Marx revela el hecho político fundamental de la sociedad capitalista: la esfera de las libertades es posible porque esta convive con la esfera de la dictadura del capital sobre la actividad vital de los seres humanos, sobre los trabajadores. De este manera, la sociedad capitalista se estructura en torno a un espacio (el proceso de trabajo) caracterizado por el sometimiento de los trabajadores en el momento mismo en que producen sus condiciones de existencia. Las decisiones que juegan un papel central en toda la vida de los seres humanos (las que pueden resumirse en tres preguntas: ¿Qué, cuánto y cómo producir?), son tomadas por los capitalistas sin considerar siquiera las opiniones de los trabajadores. Así, la desigualdad en la propiedad de los medios de producción se traduce en la desigualdad en el poder político de los individuos. Ahora bien, esto no es novedoso y forma parte del envoltorio habitual de una sociedad dividida en clases. Lo nuevo radica en que la desigualdad política en el proceso de trabajo coexiste con la igualdad jurídica y política en el nivel del mercado, de la circulación de mercancías.

De hecho, la producción no es vista como un lugar político, sino como un espacio meramente económico, espacio construido a partir de la voluntad libre de los contratantes. El lugar de la política en la sociedad capitalista es, para el sentido común de las personas simples y los académicos ilustrados, el de las instituciones políticas, cuyo arquetipo es el régimen democrático de gobierno. De esta manera, la democracia reina en nuestras sociedades, mientras que la producción queda debajo de la alfombra, ignorada en tanto lugar de un tipo específico de relaciones políticas. Ahora bien, es claro que esta manera de organizar el poder político en la sociedad capitalista se deriva de la lógica misma de la producción capitalista, que necesita del trabajo asalariado (trabajo libre) para producir el plusvalor. En un sentido fuerte, la democracia es más un producto de las necesidades de reproducción del capital que de las luchas de los sectores populares. Por supuesto, aquí estamos hablando de una democracia que tiene por principio fundamental la no discusión de la separación de las esferas del intercambio y de la producción de mercancías.

Entonces, cuando Marx aborda la cuestión del proceso de trabajo en el capítulo 5, está ocupándose no sólo del proceso que permite la reproducción de la sociedad misma, sino también de la reproducción de las relaciones de dominación política de esa sociedad. El proceso de trabajo se revela así como el lugar privilegiado para abordar el estudio de la sociedad capitalista (y, en general, de cualquier sociedad). Dicho esto, se puede retomar el análisis del contenido del capítulo 5 tal como lo habíamos dejado en la nota anterior.

En la tesis nº 1 (Tesis sobre Feuerbach), Marx observa que una de las limitaciones de Ludwig Feuerbach (1804-1872) es la incapacidad para concebir "la actividad humana misma como una actividad objetiva" (1985: 665). Esta observación, que forma parte de la crítica que Marx hace tanto al materialismo como al idealismo filosóficos, muestra de manera acabada que Marx pensaba que la superación de ambas concepciones pasaba justamente por el estudio de la actividad objetiva de los seres humanos, y la forma paradigmática de esa actividad es el proceso de trabajo.

En la tesis nº 2 expresa que "es en la práctica donde el hombre debe demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poder, y la terrenalidad de su pensamiento" (1985: 666). El proceso de producción es, como dijimos antes, la expresión cabal de la práctica de los seres humanos; de ahí que su análisis revela los rasgos fundamentales que asume la práctica humana (hay que aclarar que para poder efectuar este estudio es imprescindible desechar la concepción habitual que hace del proceso de trabajo un ámbito estrictamente económico, en el que sólo se producen mercancías). En la tesis nº 8 vuelve a insistir: "toda vida social es esencialmente práctica" (1985: 667). De lo anterior se desprende que la práctica (insisto que por esta tiene que entenderse, ante todo, el proceso de trabajo) es la llave maestra que le permite a Marx superar tanto el viejo materialismo mecanicista como el idealismo (aún en la forma hegeliana de este último). En otras palabras, es el acercamiento al proceso de trabajo el que permitió a Marx resolver sus cuentas pendientes con la filosofía y pasar a elaborar una teoría social propia.

En la nota anterior transcribimos el pasaje del capítulo 5 en el que Marx sostiene que en el trabajo las personas transforman la naturaleza exterior y, a la vez, se transforman a sí mismas (I, 1: 216). En la tesis nº 6 puede leerse lo siguiente: "La coincidencia del cambio de circunstancias con el de la actividad humana o cambio de los hombres mismos, sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria." (1985: 666). Hay que tener en cuenta que en este fragmento Marx procura dar respuesta al dilema de los partidarios de la "teoría materialista del cambio de las circunstancias y de la educación". quienes se ven imposibilitados para concebir la unidad del proceso de cambio (unidad sujeto - objeto) y tienen que pensar forzosamente que uno de los polos de la relación domina al otro en tanto factor activo. Esta es, en definitiva, la misma concepción que profesan los economistas, quienes postulan que en el proceso de producción sólo se producen mercancías, en tanto que los productores (los trabajadores), desempeñan un papel pasivo en tanto factor de producción. Como puede verse, la concepción materialista de la relación sujeto - objeto se deriva de la forma que asume la principal manifestación de la práctica en la sociedad productora de mercancías, esto es, del proceso de trabajo. No se trata, por cierto, de hacer sociología barata, sino de aprehender cómo la práctica va modelando el pensamiento al marcar los límites de lo que puede ser pensado.

En el texto de la tesis nº 6, el "cambio de los hombres" se da en el mismo proceso de cambio de las circunstancias, es decir que, en la práctica revolucionaria los seres humanos desarrollan las potencias que dormitaban en ellos y se transforman a sí mismos. Ahora bien, como ya se dijo anteriormente, el proceso de trabajo constituye la forma primordial de la práctica, pues sin él es imposible la reproducción de la sociedad. De ahí la importancia de estudiar meticulosamente este proceso, dejando de lado los enfoques no dialécticos de la relación. Es por esto que, en un sentido fuerte, el capítulo 5 puede ser visto como la vía de entrada necesaria para comenzar el estudio de la sociedad.

Buenos Aires, lunes 24 de mayo de 2010




viernes, 21 de mayo de 2010

NOTAS SOBRE EL CAPITAL (4): EL PROCESO DE TRABAJO


Karl Marx (1818-1883) dedicó el capítulo 5 del Libro Primero de El Capital (1867) a exponer su concepción del proceso de trabajo; además de examinar los aspectos principales de la producción, Marx se preocupó también por fundamentar el papel central que ocupa el trabajo en la constitución de la sociedad. En este sentido se trata de un desarrollo de las tesis enunciadas en La ideología alemana (1845-46), obra en la que Marx y Friedrich Engels (1820-1895) habían afirmado que el punto de partida para el abordaje de la sociedad debía ser el estudio de la forma en que los seres humanos producían su existencia. Sin embargo, hasta la publicación del Libro Primero de El capital Marx no había presentado su análisis del proceso de trabajo en forma sistemática para el público.

La primera vez que Marx encaró la cuestión del trabajo fue en los Manuscritos de 1844, en los que esbozó su concepción del trabajo alienado. La propiedad privada de los medios de producción despojaba al trabajador de su control sobre el proceso de trabajo y determinaba que éste fuera visto por aquél como algo ajeno, cuyos productos no le pertenecían y donde no podía manifestarse su personalidad tal cual era. En el marco del capitalismo, el trabajo empobrecía radicalmente al trabajador en la medida en que, justamente, se volvía más productivo. La ciencia y la tecnología eran instrumentos del capital y su desarrollo no hacía más que potenciar la escisión entre el trabajador y su trabajo (y, por supuesto, los productos de su trabajo). Detrás de este análisis se encontraba el supuesto de que el trabajo era la manifestación de la esencia del ser humano. Su apropiación por los propietarios de producción era, entonces, una anulación de la esencia humana y reducía el trabajo a una actividad vacía de sentido (y, por tanto, empobrecedora) para el trabajador. Pero en los Manuscritos Marx no hacía ningún estudio del proceso de trabajo capitalista en su manifestación concreta. El análisis, más allá de sus méritos (la teoría de la alienación fue retomada por Marx en El capital - en el capítulo 1, apartado dedicado al fetichismo de la mercancía -), se movía en el plano filosófico, de manera que el proceso de trabajo era presentado en forma abstracta.

Luego de los Manuscritos y de la Ideología alemana, en los que sentó las bases de su teoría social, Marx volvió a abordar la cuestión del proceso de trabajo durante su exilio en Londres, donde comenzó a redactar el corpus de textos que constituye El capital. Esto fue la consecuencia necesaria del punto de partida adoptado para examinar la sociedad capitalista. Dada la centralidad que tiene la producción de la existencia para la teoría social de Marx, era obligatorio el estudio del proceso de trabajo en general, y de su forma capitalista en particular. Sólo mediante la realización de esta tarea era posible la superación de las ciencias sociales burguesas.

Ahora bien, la extensión del corpus que forma El capital impide que podamos realizar aquí un estudio exhaustivo de la concepción marxista del proceso de trabajo (para esto habría que revisar la Contribución a la crítica de la economía política (1859), los Manuscritos de 1861-63, el Libro IV y la correspondencia de Marx y Engels). En esta presentación nos limitaremos a plantear los elementos fundamentales de la concepción marxista del proceso de producción tal como se encuentra en el capítulo 5 del Libro Primero. En la exposición vamos a seguir el desarrollo del tema tal como lo hace Marx en la obra. Por ello distinguiremos entre proceso de trabajo y proceso de valorización, es decir, entre las características generales que asume toda producción y las formas específicas que adopta en el modo de producción capitalista. A su vez, y dada la importancia del tema para la comprensión de la teoría social de Marx y de la dialéctica, haremos, en la medida de lo posible, un tratamiento por separado de las implicancias "económicas" (técnicas) del proceso de trabajo, y de las derivaciones epistemológicas del mismo.

1) EL PROCESO DE TRABAJO:

Marx dedicó toda la primera parte del capítulo en cuestión al examen de los rasgos generales del proceso de trabajo (I, 1: 215-226).
Antes de empezar la lectura corresponde decir que esta parte de El capital es la respuesta de Marx al argumento de los factores de producción, desarrollado ya por los economistas. Según éstos, la producción es el resultado de una combinación de dichos factores (tierra, capital y trabajo - nótese que el capital se encuentra naturalizado, al punto de que pasa a constituir un elemento técnico de cualquier producción, ya sea que ésta se desarrolle en el Antiguo Egipto o en el siglo XXI. El capital deja, entonces, de ser una relación social históricamente determinada, para identificarse con la producción en general. En otras palabras, no puede haber producción sin capital -.). Como es sabido, Marx dedicó el grueso de su actividad intelectual a la crítica de la economía política. Desde su óptica, se trataba de eliminar la principal herramienta ideológica de la dominación burguesa. Para ello era imprescindible desnaturalizar la producción capitalista, desbancar la creencia de que el capitalismo era la forma más racional y eficiente de organizar el proceso productivo; para esta tarea era imprescindible la demolición del argumento de los factores de producción.
La teoría del proceso de trabajo es, tal como aparece en el capítulo 5, la respuesta de Marx al argumento de los economistas. Este último se basa, sobre todo, en la confusión de las determinaciones técnicas y de las determinaciones sociales del proceso productivo. Marx deshace esta confusión efectuando tres operaciones: a) separando ambas determinaciones; b) estableciendo las características principales del proceso de trabajo en general; c) reuniendo en una totalidad orgánica el conjunto de determinaciones que constituyen la producción.

Marx arranca con la constatación de que el trabajo es "en primer lugar, un proceso entre el hombre y la naturaleza, un proceso en que el hombre media, regula y controla su metabolismo con la naturaleza" (I, 1: 215). De este modo, el trabajo es el mediado entre el ser humano y la naturaleza. Es una necesidad ineludible, determinada por nuestra organización fisiológica (el ser humano precisa de instrumentos para obtener de la naturaleza los bienes que necesita para satisfacer sus necesidades). Sólo mediante el trabajo los seres humanos pueden emprender la tarea de "humanizar" la naturaleza, esto es, re-crearla a su imagen y semejanza. Es en este sentido que cabe afirmar que el trabajo, el proceso de producción, es un componente inseparable y decisivo en toda sociedad; en otras palabras, representa una determinación natural del ser humano.

Del argumento expuesto en el párrafo anterior arranca la confusión de los economistas. Para ellos, el proceso de producción capitalista, cuyo producto es la mercancía, es sinónimo de proceso de trabajo en general, cuyo objetivo es la producción de valores de uso (todo bien o servicio que satisface una necesidad, y que no es necesariamente una mercancía). De esta identificación se desprende que el capital, que es una relación social propia del modo de producción capitalista, pase a ser definido como un elemento técnico, cosificado, de toda producción.

Marx desarticula esta confusión indicando desde el principio que el objetivo del proceso de trabajo es la producción de valores de uso. Esta es una característica general de toda producción, independientemente de "la forma social determinada que asuma" (I, 1: 215). Un valor de uso es, como ya se indicó anteriormente, un bien que satisface una determinada necesidad humana (I, 1: 44-45). Desde este punto de vista el trabajo puede ser abordado sin necesidad de introducir el capital o la mercancía. El capital deja de formar parte de los factores de producción en general, y pueden así ser estudiados los aspectos técnicos del proceso productivo sin caer en el mecanismo ideológico de la naturalización de las relaciones sociales capitalistas. Pero, además, esta posición permite presentar las determinaciones sociales del proceso de trabajo (independientemente de su forma feudal, capitalista, etc.) sin caer en reduccionismos ni en abstracciones. Al efectuar esta desnaturalización, Marx restaura la unidad del proceso de producción como totalidad dialéctica (sinónimo de totalidad orgánica).

Luego de distinguir entre la producción de valores de uso y las formas socialmente determinadas que asume la misma, Marx puede emprender la tarea de establecer cuáles son los elementos del proceso de trabajo en general. Esta tarea es realizadas en las páginas 216-223. Eliminado el capital de la lista de factores de producción, "los elementos simples del proceso laboral son la actividad orientada a un fin - o sea, el trabajo mismo -, su objeto y sus medios." (I, 1: 216). Si bien todos estos elementos son imprescindibles para la realización del proceso de producción, está claro que para Marx existe una jerarquía entre ellos, en la que la "actividad orientada a un fin" es la "iluminación que baña" a los demás elementos, permitiendo explicar la naturaleza del proceso. Dada la tan mentada importancia que ocupa el mismo en la teoría de Marx, corresponde detenerse en la caracterización que hace del trabajo, esta "actividad orientada a un fin".

Ante todo, Marx destaca el papel activo, creador, del trabajo. "Al operar por medio de ese movimiento (de su cuerpo) sobre la naturaleza exterior a él y transformarla, transforma a su vez su propia naturaleza. Desarrolla las potencias que dormitaban en ella y sujeta a su señorío el juego de las fuerzas de la misma." (I, 1: 216). Respecto a este pasaje corresponde decir lo siguiente. Mientras que para la economía clásica (que también reconocía la centralidad del trabajo) el proceso productivo era, fundamentalmente, una actividad creadora de riquezas que asumían la forma de mercancías, para Marx el potencial creador del trabajo era mucho más amplio. Ya no se trataba solamente de la producción de mercancías, ni aún de la mera producción de valores de uso. Pensar de esta manera el trabajo supondría la aceptación de una concepción unilateral del mismo, en la que el sujeto (el trabajador) imprime la forma deseada a la materia prima. De ahí a la defensa del determinismo hay un corto espacio por recorrer. Pero Marx afirma otra cosa. En el proceso de trabajo no sólo es transformado el objeto, sino que también se transforma el sujeto. De este modo, el trabajo encierra en potencia la posibilidad de modificar TODA la realidad existente. No se trata de un simple proceso de transformación material. En este punto, Marx sigue la línea de pensamiento expresada en las Tesis sobre Feuerbach.


Buenos Aires, domingo 23 de mayo de 2010